Hoy el búho de Gorliz me ha dicho que un tifoso cumple 9 años —no sé si lo conoces, Marc—, y con esa voz que tienen los buenos jefes de equipo me ha preguntado si podía dedicarle una vuelta rápida en Nürbu hablando de La Scuderia, de su Scuderia.
Ese niño ya sabe lo que es Ferrari porque el equipo italiano encuentra sitio en tu corazón y no te suelta, y suerte que tiene él de que le haya sucedido tan pronto. A mí me ocurrió algo más tarde, para qué voy a engañarle. Tendría unos 12 años cuando vi una fotografía del bólido rojo que conducía el belga Jacky Ickx, y supe al instante que me había enamorado para siempre.
