Joshua Paul quedó prendado de la personalidad que tenían unas instantáneas de las 500 Millas de Indianápolis de 1969 que parecían mágicas aunque ligeramente desenfocadas, indagó sobre el asunto y trabó amistad con David Burnett, un fotógrafo que se enfrentaba a los eventos deportivos armado con una vieja cámara de fuelle Pacemaker Speed Graphic 4×5, decidiendo probar suerte por su cuenta y riesgo tras agenciarse una todavía más antiquísima Graflex 4x5 de 1913.
La historia tuvo su punto álgido hace ya unos años, pero la retomo ahora porque imprimir personalidad a un trabajo, el que sea, sigue siendo una de las cosas más complicadas que existen.
