Bastaban un motor potentísimo y un diseño de carrocería que buscara la pureza de líneas, normalmente evitando las rectas y abusando glotonamente de las curvas, para que algunos animales sobre cuatro ruedas consiguieran que estética y automóvil fuesen conceptos sinónimos.
El viejo aforismo ferrarista «si es bello es rápido» no era exclusivo de los autos de La Scuderia, también el Maserati 450S supuso una escultura rodante a partir de mediados de los cincuenta del siglo pasado.
