Confieso que no me esperaba que a Trulli le dieran la patada en Caterham como se la dieron a Rubens en Williams o a Jaime en Toro Rosso. Confieso también, que no me gustan los cambios de alineaciones porque me obligan a aprender nuevos nombres para viejos puestos, y ¡qué carajo!, porque ya estoy mayor para que me sustituyan el barniz de la cómoda que veo todos los días al entrar en casa y me insinúen que es otra...
Confieso que me he quedado de un aire, como sospecho que se han quedado los que apostaron por el aumento ostensible y evidente de la batalla del F2012, cuando Giorgio Piola la ha tasado en 8 miserables centímetros, tres de mis dedos por delante y otros tantos por detrás. Confieso, en fin, que aunque pensaba estar curado de espanto, agradezco seguir sorprendiéndome ante este tipo de cosas y tener suficiente salud mental como para admitir que hay muchas cosas en las que me equivoco.
