Los anglosajones son más listos que el hambre y que los alemanes, por supuesto. No hablo de inteligencia mensurable en percentiles, sino de esa afilada textura mental que permite a los primeros asimilarse a aquello que les gusta, apropiárselo y convertirse así en seres reinventados bajo el barniz de otros. En nuestro país tenemos algunas bonitas muestras: el hispanista Gerald Brenan y el historiador Paul Preston, por ejemplo, o tirando más lejos, el propio Washington Irving, que aunque americano, era escocés por parte de padre.
Hablo fundamentalmente del mundo de las letras porque es en el que mejor me manejo, aunque en otros ámbitos también encontramos hijos e hijas de la pérfida Albión que se han quedado o que no dejan de pasar por aquí ni así los maten. Hace nada han puesto el nombre del ex primer ministro británico John Major a una avenida en Candeleda, Gwyneth Paltrow es hija adoptiva de Talavera de la Reina, Melanie Griffith (americana como Irving) es casi malagueña y Nick Clegg, viceprimer ministro de Cameron, veranea en Olmedo junto a su esposa Miriam González Durantez y seguro que se acaba ganando una calle... Son demasiadas coincidencias como para pensar que no hay más británicos por ahí sueltos, en áreas como la ingeniería, las finanzas o la arquitectura, etcétera.
