La Guerra de Desgaste (War of Attrition) entre judíos y egipcios había terminado en agosto de 1970 pero iba a acarrear funestas consecuencias para la economía mundial. El apoyo de EE.UU. y Reino Unido a Israel sirvió como excusa a los países árabes que integraban la OPEP (Organization of the Petroleum Exporting Countries), para arrastrar a sus socios a un pulso con las petroleras británicas y estadounidenses, que hasta ese momento fijaban los precios en solitario.
Tras duras negociaciones se firmó en febrero de 1971 el Acuerdo de Teherán, con el que la OPEP pasaba a decidir mancomunadamente el importe del barril mientras anulaba la perversa dependencia del dólar. Resultaba obvio que el crudo se iba a poner por las nubes en poco tiempo —en 1973 estallaría la llamada Primera Crisis del Petróleo—, y la situación pilló con el pie cambiado a la CSI (Commission Sportive Internationale), que, ni corta ni perezosa, eliminó para 1972 los Sport Cars de gran cilindrada con el Mundial de Resistencia del 71 ya iniciado.


