Hace nada, Álex publicó el último programa grabado de Stop & Go, en el que ambos nos despeinamos a pesar de mostrar más cartón que pelo en nuestras cabezas, con el afán generoso de que nuestros escuchantes entiendan mejor cómo actúa la voz del amo, amo que es el nuestro, obviamente, y al que debemos todo, pero del que tenemos obligación de cuidarnos como se cuidaba Cenicienta de su madrastra.
Nos quedó un episodio bastante vistoso, para qué voy a engatusaros con falsas humildades. Un guión de apenas tres ideas abocetadas, el micrófono y el abismo cuando se pulsa el botón «recording». ¿Qué nos dan?, ¿en base a qué promesa pagamos por el contenido que vemos? ¿Por qué Liberty abusa tanto de los recursos narrativos que aluden a un pasado que no ha de volver...?






