Los últimos fines de semana por fortuna ya no son lo que eran, y aprovechando que ofrecen espacios en los que la actualidad descansa, se prestan que ni pintados a mirar lo nuestro con una tranquilidad y un sosiego que resulta imposible de alcanzar durante los días de labor.
Por ello, al hilo de los interrogantes que han surgido sobre la relación de amistad existente entre Fernando Alonso y Robert Kubica a cuenta de lo sucedido en Silverstone, y bajo los turbios escenarios de intimidades rotas existentes en McLaren y en Red Bull, me apetecía hoy recalar en unos momentos ahora lejanos en los que para los pilotos era posible y normal luchar ferozmente sobre la pista e irse luego a compartir una mesa.
