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martes, 29 de marzo de 2016

Blessed evil Doc


Siempre me ha intrigado cómo el juramento hipocrático podía dar lugar a identidades cuanto menos sospechosas en eso de la honestidad profesional. Confieso que he tenido suerte con los galenos que me han cuidado o han cuidado de los míos. Don Isidoro cuando yo era un crío. Isaac con mi hijo y su asma. Fernando y mis caries. Carmen y Cata, Magdalena y mi madre... María y sus buenos consejos con Nacho y Midori...

Tengo una hermana médico, un cuñado médico aunque ya jubilado, y un puñado de amigos médicos también, de familia o especialistas: Víctor, Santi, José Luis, Jero, José Antonio, José Andrés, Alberto, Javi... Buena gente que ha logrado que la medicina no me resulte tan áspera como al común de los mortales, precisamente porque todos ellos empapan con su humanidad una profesión que da más arena que cal en eso de cuidar de sus pacientes, quizás, en su caso, porque ya eran buenas personas de antes y juraron después seguir siéndolo.