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domingo, 9 de febrero de 2025

El látigo de la indiferencia


A la gente que quiero de verdad le recomiendo siempre que busque a los mejores en su campo y se mida con ellos, para aprender así a morder el polvo y levantarse, sobre todo a levantarse. 

Bueno, en este sentido la Fórmula 1 es un bonito campo de entrenamiento, quizá el más exigente de todos y, por ello, y seguramente, también el más atractivo a pesar de que la actividad haya perdido brillo por el efecto de las termitas sabelotodo. Y habita allí un piloto que, hoy por hoy, ha demostrado estar muy por encima de los demás aunque su pasaporte no sea el adecuado, razón que explica cómo, a falta de razones de peso, la prensa especialista y la bastardía en redes sociales intentaron hacernos comulgar con aquello de que un yogurín como Lando Norris podía con él durante 2024.

jueves, 23 de mayo de 2019

#VKt-05 [Martín Caño]


Martín, nuestro protagonista en el Voight-Kampf test de Nürburgring, es un buen amigo, de esos a quienes les puedes decir las cosas claras sin temor a que te den la espalda, del que aprendí llaves y artes del combate dialéctico que dudo que quisiera enseñarme...

Siempre ha sido infinitamente generoso conmigo y me ha permitido conocer gente increíble —incluso con magia más poderosa que la mía [F1 a lo Camba]—, y también me acercó a los óvalos americanos cuando en España apenas se hablaba de esta disciplina y lo más cerca que yo había estado de ella era viendo a Tom Cruise y Robert Duvall en Days of Thunder. Le traigo hoy hasta vosotros por dos razones: la primera porque considero un desperdicio no conocerle, y la segunda, porque ahora que el automovilismo norteamericano se ha puesto de moda, me apetecía recordar que hubo quien puso algunos cimientos aquí hace casi una década.