A la gente que quiero de verdad le recomiendo siempre que busque a los mejores en su campo y se mida con ellos, para aprender así a morder el polvo y levantarse, sobre todo a levantarse.
Bueno, en este sentido la Fórmula 1 es un bonito campo de entrenamiento, quizá el más exigente de todos y, por ello, y seguramente, también el más atractivo a pesar de que la actividad haya perdido brillo por el efecto de las termitas sabelotodo. Y habita allí un piloto que, hoy por hoy, ha demostrado estar muy por encima de los demás aunque su pasaporte no sea el adecuado, razón que explica cómo, a falta de razones de peso, la prensa especialista y la bastardía en redes sociales intentaron hacernos comulgar con aquello de que un yogurín como Lando Norris podía con él durante 2024.

