Formar parte del World Sportscar Championship le suponía al ACO tener que asumir la normativa FIA (Fédération Internationale de l'Automobile) aunque, lógicamente, gozaba luego de un pequeño margen para ajustarla a la idiosincrasia de su propia prueba. En este sentido, la Federación estrenaba en 1958 un paquete de reglas enfocado a la economía de consumos, lo que supuso una reducción del cubicaje máximo de los motores a 3 litros y, por consiguiente, una pequeña caída de inscritos para las 24 Horas de Le Mans, entre los que se encontraban el español Paco Godia y un fenómeno mexicano de menos de diecisiete años al que no se dejó rodar, cuyo nombre era Ricardo Rodríguez.
Jaguar seguía contando con el D-Type y Ecurie Ecosse, aunque las soluciones dadas a su propulsor para ajustarlo al reglamento iban a suponer un hermoso Talón de Aquiles que acabaría con parte de las aspiraciones británicas al poco de haberse lanzado la prueba. Quien sí estaba preparada era Aston Martin, que atesoraba una dilatada experiencia con motores de 3 litros y estaba compitiendo en el WSC —había vencido en los 1.000 Kilómetros de Nürburgring—, lo que la llevó a traer a La Sarthe cuatro unidades DBR1S, tres en el equipo David Brown, propietario de la marca, y en manos privadas la restante y un DB3S.
