De aquella añada de patxarán casero 2012 no quedó ni rastro, para qué vamos a engañarnos. Estuvo bien pero fue mejorada al año siguiente y al siguiente, y a decir de los expertos de por aquí, nada ha vuelto salirme tan bien como las míticas de 2014 y 2016, de esta última, por cierto, sólo queda una botella que algún día, espero que pronto, entregaré en persona a su propietario: Charly Barazal, obviamente para que la disfrute como le apetezca...
Hacer patxarán casero es un arte que depende bastante de la calidad del producto. Si llueve mucho porque llueve mucho, si llueve poco porque llueve poco, y así... vamos, que esto no es como la fórmula magistral de Red Bull o Coca-Cola, sino que queda al albur de las circunstancias y los acontecimientos, de forma que el resultado es tan impredecible como las buenas carreras F1.


