Para los viejos del lugar —a éste me refiero—, Faenza es sinónimo de «jeta descomunal», no de la escudería en sí, obviamente, pero sí de Red Bull y todo lo que puso en juego Dietrich Mateschitz para seguir colocando peligrosos mejunjes entre los más jóvenes, sorteando desde el mejor escaparate del mundo las tibias recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud que recién ahora se comienzan a tomar un poco en serio.
Bueno, es el mercado, amigo y resultaba sencillo untar a Bernie Ecclestone y la Fórmula 1 para hacerse un hueco entre lo más granado del automovilismo deportivo. En 2005 se adquirió a Paul Stoddart la estructura de Minardi y se la renombró Scuderia Toro Rosso para el año siguiente, siendo considerada a todos los efectos la filial de Red Bull Racing, consagrada ese mismo año 2005 a partir de los restos y la estructura de Jaguar.



















