Juan Manuel Fangio es casi con toda seguridad, el mejor piloto que ha dado nuestro deporte desde que los viejos dragones desaparecieron con la Segunda Guerra Mundial.
Tal vez sea el último de sus representantes, quién sabe, aunque a estas alturas de la película importe poco. El Chueco es sinónimo de grandeza al volante, de escuadra, cartabón y compás trazando curvas, de velocidad en recta... Respetado hasta la devoción por la mayoría de pilotos con los que convivió o le siguieron, era delicado con las máquinas que conducía y llegaba a tal grado de simbiosis con ellas que resultaba complicadísimo encontrarle fisuras una vez había arrancado su auto.
