El Grand Prix of Indianapolis Race 1 (la 2 se celebra en julio), cerrado este sábado pasado sobre la cuerda del trazado interior de Indianapolis, comenzó adelantado sobre el horario previsto por aquello de esquivar las precipitaciones, y concluyó pasado por agua, recortado en duración y evidenciando que incluso en la moderna IndyCar se conjugan mal lluvia y competición.
Colton Herta, vencedor de la prueba, confesó a su término que era la carrera más dura que había disputado, Simon Pagenaud, segundo, acabó pidiendo un limpiaparabrisas porque la visibilidad era prácticamente nula a través del Aeroscreen. En realidad, la cita tenía todos los boletos para haber sido cancelada o pospuesta a la espera de una mejor meteorología, solución que (pienso), no se abordó porque forma parte del pack Indy500 del mes de mayo en el Condado de Marion y se celebra en el reino de Roger Penske, a la sazón propietario del circuito y el campeonato.












