El accidente sufrido esta mañana por la piloto de pruebas de
Marussia, María de Villota, ha convulsionado Internet, los medios, y si
nos ponemos, a la madre que parió a Peneque, porque tras saltar las
inevitables y comprensibles alarmas, inmediatamente se ha puesto de
relieve lo fina que resulta la piel de quienes sin encomendarse ni a
Dios ni al diablo, han clamado al cielo para recordar que María,
simplemente María, no tiene la superlicencia que otorga la FIA a
los elegidos para la gloria, y claro está, con tamaña carencia, era de
todo punto comprensible que pasara lo que ha pasado.
Lo gracioso del asunto (se puede hablar en estos términos ahora que
sabemos que María por fortuna se repone positivamente de su accidente),
estriba en que muchos de los que han aprovechado para zarandearla de
nuevo en nuestro siempre agradecido país, van por la vida como
periodistas sin que nadie les reclame título, curriculum u honores, para
que sea creíble o admisible que ejerzan como tales.