Llevo a cuestas una jornada extraña. Me ha dejado tocado saber a primera hora que no podré volver a utilizar el presente cuando pregunte a David por Mario y, como guinda, ando en una zona especialmente turbia de la novela que estoy escribiendo. He pensado dejarlo para mejor momento pero conozco de sobra a qué te expones si decides abandonar el campo de batalla cuando las ideas bullen en tu cabeza y es el ánimo el que no acompaña...
Mario no lo habría hecho. Las musas lo mismo vienen que se van y es mejor atraparlas cuando se ponen a tiro. Esto me ha animado a continuar hasta hace escasamente un cuarto de hora. La faena para mañana está encarrilada y, como de costumbre, vengo aquí a descansar, esta vez recordando que las arañas son infinitamente más diestras que los humanos tejiendo redes donde atrapar gotas de rocío, palabras, párrafos, pinceladas de acuarela, estrofas o acordes.


