A pocos meses de cumplir los 23 la vida se veía diferente a como se ve ahora, cuando me queda relativamente poco para triplicar aquella edad. La muerte también se percibía distinto...
Nos contaron entonces que Villeneuve llegaba a Zolder dolido por la victoria de Pironi en Ímola, molesto con Enzo Ferrari por no haberla querido o sabido impedir, lo que no dejaba de ser una explicación sencilla que hacía legible para los aficionados y el gran público algo más complejo de entender, pues, incluso después de la derrota en San Marino, bajo la piel del quebequés seguía bullendo una energía que sólo él sabía comprender y controlar, que le inclinó a tomar Butte por el exterior justo un fragmento de instante antes de que Jochen Mass, viendo al 27 en los retrovisores, decidiera dejar libre el interior de la generosa curva a izquierdas.

