La corriente futbolera que domina nuestro cotarrito lleva tiempo inclinando la balanza hacia conceptos de corrección política deportiva (totalmente artificial), que suenan cada vez peor a los que peinamos canas y asumimos a muy temprana edad, que a un tío que se baja de un coche después de haberse jugado la vida a 200 y pico por hora, no le puedes exigir que sea razonable ni políticamente correcto.
Hombre, con Josep Pedrerol cantando en cuanto puede el ¡así si, así sí!, entiendo que nuestra chavalería se muestre convencida de que el respeto y las buenas formas dan décimas en pista. Respeto por el equipo ante todo, al patrón, que no falte, y al respetable, en fin, ya sabéis de lo que hablo. De forma que nuestros valores se depositan en la actualidad en actitudes que hace años nos habría llevado a muchos a proferir palabrotas. Ser chico malo ya no mola salvo que te llames Max y te apellides Verstappen, pero incluso el holandés habría aguantado poco en un mundillo que dirimía sus cuitas a mamporros o puteando literalmente al compañero, y con más razón al rival.



















