martes, 17 de julio de 2018

Jules #JB17


Lamento que para muchos la figura de Jules se haya quedado en una simple estampita que se saca del breviario en fechas señaladas, y a él vuelve después de rezarle en público y enseñar a los demás cuánto le recordamos o cómo se le extraña.

Las necrológicas tienen un efecto balsámico totalmente respetable, lo que no impide que continúen abiertas las preguntas que algunos nos hicimos a finales de 2014, cuando Bianchi todavía vivía:

«La prueba que básicamente exonera a la FIA se apostilla numantinamente en la presencia de la doble bandera amarilla, pero a mí me asalta la pregunta de si esa señal en concreto, dada la baja visibilidad, el agua en la visera, el riachuelo, el cambio de rasante y la presencia del cacharro de casi siete toneladas en la escapatoria, era la adecuada o no, para avisar a Jules y al resto de participantes que pasaban por allí, de que todos ellos se estaban jugando literalmente la vida porque nadie había pensado en que podía ocurrir lo impensable...» [El bancal de los sabios (Bianchi affaire)].

Me siguen advirtiendo de que los responsables fueron Marussia y él, pero yo aún recuerdo que los horarios de los Grandes Premios de la gira asiática fueron adelantados una hora para el calendario del año siguiente. Si no hubo negligencia, si todo estaba tan claro y no existieron culpables más allá de la escuadra rusa y su piloto francés, sigo sin entender esta respuesta del FOM y la FIA...


La imagen de arriba se corresponde al Gran Premio de Japón de 2014 sin que la abertura del diafragma de la cámara haya ejercido su magia. Habría preferido que se hubiera reabierto el debate sobre lo sucedido aquel día y sus consecuencias, pero tal vez sea mejor así: no hay mejor paz que la de los cementerios.

Va por ti, Jules, y por tu recuerdo.

1 comentario:

Cao Wen dijo...

Se tapa esta mierda para que no se vea la grande. En otro comentario he datado su origen en 2007, pero creo que viene desde 1994, cuando de tanto capar al Williams mataron a Senna. El 1 de mayo de ese año, Schumacher saltaba de alegría en el podio; había ganado la carrera y 7 campeonatos de golpe. Ni la decencia de disimular tuvo.