jueves, 13 de diciembre de 2018

Maison Blanche, 1927 [#24LeMans 05]


Los intentos por acelerar la recuperación y dejar atrás la sombra de la Primera Gran Contienda, han ido sumiendo a Francia en un proceso de inflación galopante que lleva afectando a su capacidad económica desde la primavera de 1926. En 1927 aún queda lejos el Black Thursday de 1929, cuando el desplome de la bolsa de New York marque el inicio de La Gran Depresión, pero los síntomas preliminares ya son palpables a lo largo y ancho de Europa, en las colonias y, obviamente, en los territorios nacionales de las potencias de entonces.

Se está huyendo hacia adelante entre exaltaciones patrióticas y falso optimismo popular, pero lo cierto es que no hay respaldo económico para tanta alegría. La burbuja va a estallar aunque no se sabe cuándo, y en este estado de cosas, cuando todo pronosticaba un éxito al menos similar al de la pasada edición, las 24 Horas de 1927 reciben una inscripción de participantes incluso menor que la prueba inicial, la de 1923: tan sólo 28 vehículos, 3 ingleses, el resto franceses.

Sin apenas presencia gala en la cilindrada más grande, los Bentley de la fábrica de Crewe partían como claros favoritos. Le détachement anglais, como así se les llamó, estaba compuesto por dos unidades Bentley 3 Litre Speed, y un Bentley 4½ Litre dotado del moderno y potentísimo motor Bentley 4.4L S4 de 140 caballos de potencia. A sus respectivos volantes: Dudley Benjafield y Sammy Davis, el barón André D'Erlanger y George Duller, y Frank Clement (ganador de la carrera de 1924) y Leslie Callingham en el Bentley 4½ Litre. En total, cinco estirados ingleses y el traidor D'Erlanger...

Bueno, la gente de entonces se tomaba muy a pecho estas cosas y parece ser que el aristócrata francés recibió presiones y algún anónimo amenazante con la intención de que cejara en su empeño de ayudar a Inglaterra en su facilón intento de ganar las 24 Horas, aunque lo cierto era que las grandes marcas nacionales no consideraron pertinente participar en la edición de 1927 y, como decíamos antes, Bentley tenía todas las papeletas para revalidar el éxito obtenido tres años antes, ya que prácticamente corría sola.

La disputa estará marcada por la tragedia y los seis pilotos que hemos mencionado en los párrafos anteriores definirán una de las primeras leyendas de Le Mans. Pero no adelantemos acontecimientos.

Durante los entrenamientos, el Bentley de Benjafield sufre un incendio en Mulsanne que por muy poco no le impide participar en la prueba. Se ha probado en su vehículo un carburador Memini específico para motores sobrealimentados que falla y origina el fuego. Marcel Michelot, a bordo de GM GC3 Sport, se desorienta en mitad de la niebla entre Mulsanne y Arnage, se estrella contra un árbol y pierde la vida, lo que dará lugar a que Marcel Gendron retire el otro GC3 Sport participante.

Por último, los dos Tracta Gephi inscritos se ven involucrados en un accidente a primeras horas del sábado. El conducido por Etienne Boussod se olvida de participar porque acabará en la cuneta y, además, con Pierre Fenaille aquejado de un fuerte golpe en la cabeza que lo llevará a entrar en coma, aunque se recuperará posteriormente.

El que tiene a Jean-Albert Grégoire en el puesto de conducción goza de mejor suerte, incluso contando con que Etienne Boussod sale del lance con una pierna aplastada. El de Neuilly-sur-Seine huye del hospital al que ha sido trasladado y se dispone a lidiar con las 24 Horas a pesar de que carece de compañero. Interviene Faroux y solicita entre el público y presentes un voluntario, y Lucien Lemesle, un sencillo mecánico, acepta el reto y hace tripulación con Grégoire, consiguiendo que el Tracta superviviente cruce la meta en séptima posición, a 39 vueltas del vencedor.

28 inscritos, pero tan sólo 22 escucharán el pistoletazo inicial. De ellos, únicamente 8 lograrán acabar la cita el domingo 19 de junio. 

Siguiendo el guión previsto, los Bentley toman la cabeza y no la sueltan. Pero llega la noche, la noche en Le Mans, la noche de Le Mans. Llueve ligeramente y Pierre Tabourin derrapa su Schneider en Maison Blanche, quedando cruzado en mitad de la pista, con tan mala fortuna que detrás de él viene el líder de la carrera, Leslie Callingham, quien no puede evitar embestirlo y acaba tendido de lado en un vado adyacente. Totalmente noqueado, inconsciente ante lo que está haciendo, el británico se planta en mitad de la pista intentando avisar a los vehículos restantes del peligro.

El segundo Schneider no escapa, aunque se repone y continúa en carrera para abandonar definitivamente casi cincuenta minutos después. Tampoco lo hace el Bentley 4½ Litre, que queda varado en tierra de nadie. Ni el Ariès de Laly y Chassagne, que continúa pero acusará haberse visto involucrado en el accidente apenas dos horas antes del banderazo final.

El Bentley dorsal número 3, conducido por Sammy Davis, también cae en la celada, pero el de South Kensington (Londres) es un tipo demasiado especial para darse por vencido, ni siquiera después de haber golpeado con su cara el volante. Consigue llegar al garaje. Su vehículo tiene graves desperfectos. Cumpliendo la normativa, él mismo se afana en repararlos aunque tienen difícil solución. El chasis está doblado y el eje delantero se muestra desalineado. Hay más destrozos pero son menores. Sammy repara lo sustancial o imprescindible, y bajo la llovizna vuelve a ponerlo en carrera para que se suba a él Benjafield.

El Ariès lleva entonces cuatro giros de ventaja, pero el Bentley es demasiado Bentley, incluso malherido, y Benjey es mucho Benjey, incluso en las duras horas húmedas previas al amanecer. El de Edmonton consigue recortar la distancia pero todo esfuerzo parece insuficiente.  

Y aquí que el Ariès claudica y los restos del détachement anglais han sobrevivido para contarlo. La de Crewe se alza con la victoria. Sólo han terminado ocho coches y uno de ellos será descalificado. 137 vueltas infernales. Detrás de los héroes de la jornada, los Salmson Grand Sport de André De Victor y Jean Hasley, y de Georges Casse y André Rousseau, pero tan lejos del Bentley vencedor que apenas cuentan. Francia se rinde a la evidencia: los ingleses han llegado para quedarse. Va a ser duro, pero electrizante.

Os leo.

< La France!, 1926 [#24LeMans 04]
> The Bentley Boys, 1928 [#24LeMans 06]

1 comentario:

Anónimo dijo...

Qué lujo de entradas, José