Echo de menos aquel tiempo en que aprovechábamos cualquier contingencia negativa para componer bellísimas piezas que cantábamos luego alrededor de la hoguera. Toro Rosso prescindía de los servicios de Sébastien Bourdais, un ejemplo, y al francés le dedicamos un precioso poema en Nürbu; a Jaime Alguersuari lo defenestró de mala manera Helmut Marko, con nocturnidad y alevosía, y, en miserable compensación, el barcelonés tiene su pequeño santuario en el blog —¡joder cómo se las gastaba Herr Doktor!
Éramos lúcidas almas que amábamos a los héroes de entonces igual que nos desvivíamos por defender a un Webber o llamábamos mi Felipe a Massa —monumental la entrada que le escribí, a petición de mi entrañable Concha, cuando el paulista cayó derrotado en Interlagos 2008—. Pastor Maldonado, Checo Pérez durante su travesía del desierto en McLaren, Rosberg en lo crudo de 2015, antes Rubinho, más tarde Grosjean, tantos que resultaría un desperdicio reseñar su nombres.
