viernes, 29 de junio de 2018

Entre Bellof y tú


No entiendo la pose que está interpretando Lewis. Ni a qué se debe ni qué fin tiene. En realidad no entiendo nada de lo que parece que le sucede y ciertamente empieza a cansarme el asunto...

Hamilton es una estrella del deporte y me gustaría verle metido en su personaje. Tampoco es que esté pidiendo nada extraordinario, creo. El británico va camino de rozar en números a Juan Manuel Fangio y, al paso que vamos, de aquí a 2020 puede pillar perfectamente los de Michael Schumacher, otra cosa es si siete títulos mundiales le servirán a él de algo o llegarán a colmar sus místicas aspiraciones. 

Es curioso lo que está sucediendo: las dos creaciones de Bernie Ecclestone se están encargando de desvelar los trucos del maestro titiritero cuando éste ya no está. ¿Criminal? Yo diría que todo esto es lo siguiente.

Vettel, a base de cometer errores imperdonables en pista acaba protagonizando hazañas increíbles que son eso: increíbles porque no hay nadie que las compre. Hamilton, sobreactuando a todas horas, devalúa la figura del Campeón del Mundo, esa misma que reprochaba que no defendiese Nico Rosberg cuando el alemán decidió pirarse.

Y pasa porque su vida ha sido fácil y lo sigue siendo, y no pueden evitar ocultarlo. Uno lo hace abundando en meter la pata sabiendo que no tienen consecuencias irreversibles, y el otro, el protagonista de esta entrada, permitiéndose el lujo de parecer deprimido, desolado, como ausente, condescendiente con todo lo que sucede a su alrededor, sabedor de que cuando decida volver de esa modorra que lo embarga, su silla seguirá intacta y vacía porque hoy por hoy no hay nadie que pueda disputársela.

El Kaiser se lo creía. Schumacher me apartó de la Fórmula 1 por asedio de aburrimiento, pero ni antes ni mientras ni después, jamás, le vi hurtar a sus seguidores ni a sus enemigos aquella imagen de coloso ancestral tallada en roca, cuya energía interior vibraba para goce propio, para satisfacción de su ego, pero fundamentalmente para saludar a la vida y advertir a sus rivales: ¡Creen en mí porque yo soy su Dios...! 

Un Campeón del Mundo es algo más que un piloto, aterricemos, es una seña de identidad. El estandarte de la tribu, la razón para ver carreras. Y hoy, cuando hemos conocido que Porsche ha roto con un 919 romperécords el tiempo que obtuvo Stefan Bellof sobre un 956 en la clasificación para los 1.000 Kilómetros de Nürburgring de 1983, intocable hasta ahora, quiero enfatizar que la de Stuttgart tiene lo que quiere pero no ha conseguido batir a Bellof por mucho que lo haya intentado.

El alemán creía en sí mismo cuando comenzó a rodar en El Infierno Verde. Su vehículo no es un específico. Stefan busca la pole porque la necesita si quiere ganar la prueba junto a su compañero Derek Bell. Clava el cronómetro en el mítico y no oficial 6'11"13, cumpliendo así su cometido. Por si hay dudas, antes del vuelco que les impedirá terminar la cita, el mismo 956 con Bellof al volante, vuelve a hacerlo y rompe los registros de entonces dejándolo en 6'25"91 con depósito lleno... No le demos más vueltas, en aquel habitáculo había un hombre que creía en su papel, como Michael en el suyo.

Bellof también se creía Bellof tonteando o jugando con las chicas del paddock de Spa Francorchamps. No sabe que va a morir ni lo frágil que resulta la vida a la vuelta de cualquier esquina, pero Stefan es Bellof, el mismo Bellof de Mónaco 1984, cuando Stibbich, en Las Ardenas belgas, se monta en su Porsche inconsciente de que no volvera a salir vivo de él...

Entre Bellof y tú, vosotros, Lewis, Sebastian, hay un pacto de creencia que se ha hecho añicos con las bobadas de Bernie y vuestra propia indolencia. Entre él y tú, tetrahéroe de plastilina que ahora pasa por momentos bajos, existe una comodidad que no puedes ocultar por más tiempo.

¡Espabilad, gañanes!, que el día menos pensado os encontráis sin curro.

Os leo.

3 comentarios:

flechie dijo...

Ambos ocupan un lugar que no les corresponde por talento ....y lo saben . Y se nota que lo saben .
Soberbio Maestro .

ivano dijo...

Es lo que pasa cuando los crian entre algodones y no luchan por nada siwmpre gozando de si no la mejor, las mejores máquinas, para luego cuando no tienen coche desinflarse como un globo pinchado.
Sebastian no sabe que es competir.

Lewis sabe contra quien tenia que haber competido todos estos años para que su historia tuviera credibilidad y fuera grande.

Bastian dijo...

ivano: sebastian no sabe que es competir.....brutal, simplemente brutal jajaja