martes, 4 de febrero de 2020

Un Apocalípsis como Dios manda


En unos pocos días todo se ha vuelto aparentemente más triste. El pasado 21 de enero nos dejaba Terry Jones y hoy se ha ido José Luis Cuerda, y la sensación a estas horas es un poco amarga por nada en esepecial, aunque seguramente se debe a que el humor bueno parece que ha sido desterrado de nuestra cotidianidad a la espera de que le demos una oportunidad de retorno, aunque sea en patera.

Decía Peter Sellers que el humor es un oficio duro que él se tomaba muy en serio. Rowan Atkinson vino a enfatizar años después esta misma perspectiva. Bueno, en realidad los cómicos de todas las nacionalidades y tiempos han dicho siempre lo mismo: hacer reír nunca ha sido fácil y, los que saben de esto afirman que es más complicado que hacer llorar... Hay que ser muy fino para esta profesión y desgraciadamente no todo el mundo vale.

Pero a lo que vamos. Decía en mi primera frase que «todo se ha vuelto aparentemente más triste» porque sólo es apariencia. Los buenos chistes siguen ahí y lo único que hace falta es saber verlos porque el humor inteligente precisa que el público se implique. Jones, Cuerda, Berlanga, Faemino y Cansado, Tip y Coll, Gila y un larguísimo etcétera que no hace falta desgranar, creo, tenían en común que sacaban de quicio a más gente que a la que entretenían.

El rigor, la seriedad, la seña de identidad y el ceño fruncido, ya sabéis. Hasta Moncho Alpuente y su grupo Desde Santurce a Bilbao Blues Band (antes Las Madres del Cordero) dedicaron una canción a todo esto:

«No lleve en la cabeza un orinal,
ni un cardo borriquero en el ojal.
Vista de gris: la moda del país,
y no se meta el dedo en la nariz...»

Los alocados tiempos del humor bueno pasaron a mejor vida. En fin, hoy hay que escarbar para reír de verdad sin que nadie te afee comportamiento tan impertinente, y sin Terry y José Luis la cosa sólo puede empeorar.

Mirad a Kimi. Hace gracia pública cuando no lo pretende, cuando está piripi o suelta una de las suyas, pero nadie pilla que después de Fernando Alonso es nuestro último humorista en la parrilla y ni Daniel Ricciardo puede acercarse a él. De la estirpe de los bufones que antaño ponían en pelota picada a reyes y nobles, demasiadas veces jugándose el cuello, Iceman es el artista que desnuda nuestra actividad como si fuese el gran Eugenio. ¡Contra la pared y las manos en alto! No hace falta mover un músculo de la cara, basta reafirmarse en que la seriedad es una pantalla para cobardes y que la hipocresía y los buenos modales no son modo de vivir.

Un Apocalípsis como Dios Manda, eso es precisamente lo que necesitamos con urgencia...

Os leo.

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