lunes, 19 de junio de 2023

Marcado en «rosso»


Con esto de nuestra pequeña celebración [Los Corsarios de Gorliz] y el Gran Premio de Fórmula 1 de Canadá, casi se me olvida subrayar en rosso el triunfo de Ferrari en las 24 Horas de Le Mans.

Balance of Performance o el botijo de mamá, la italiana ha rubricado con victoria su retorno a la prueba más dura que podemos imaginar, y es que, a ver, si en vez del Toyota GR010 Hybrid hubiese sido el 499P dorsal número 50 el que sufriera el percance con la ardilla, los llorones de las esquinas estarían ahora mismo aclarando que estas cosas pasan en La Sarthe, que están en su ADN, que las 24 Horas no son una muñeca hinchable, que la carrera dicta las normas y las impone, muchas veces con excesiva crueldad, y que por encima de otras consideraciones: Le Mans siempre acostumbra a elegir al ganador.

Pero se trata de Ferrari y, como ya nos conocemos todos, toca sacar las trompetas y el bombo para empañar una victoria incontestable. Estuvo mal que el ACO se desdijera de la no aplicación del BoP días antes del inicio de la carrera, y feísimo meterle a Toyota más lastre que a sus contrincantes, pero se cubrieron 4.660,092 kilómetros —más o menos la distancia que separa París de la rusa Ekaterimburgo—, y había que estar dentro del habitáculo, volando sobre el asfalto a un promedio de 240 km/h, soportando una pista endemoniada, la lluvia, la noche, las incertidumbres y unos rivales que no aflojaban. 

Lo hicieron Alessandro Pier Guidi, James Calado y nuestro Antonio Giovinazzi, marcaron en rosso la Edición del Centenario sobre un 499P con Il Cavallino Rampante sobre su carrocería, y ¡ya!

Os leo.

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