miércoles, 14 de junio de 2023

El hijo de la brisa


La prensa colaboracionista y apesebrada me trae por el camino del mal andar. Aparte de seguir agilipollando al personal sirviendo de correa de transmisión de las mentiras y medias verdades que acuñan en la patria del amarillismo —con permiso de los USA—, marcan de qué se puede hablar y de qué no, lo que me está complicando la vida con mis amigos, pues hablo con ellos y parece que vivo en Marte y ellos en la Tierra, la de los ingleses, claro, que fueron los que inventaron la rueda y tal...

Lamentablemente seguiremos sufriendo a las Biblias de lo nuestro, y a Sky Sports hasta 2029, como poco [Sky Sports to remain home of Formula 1 until 2029 after deal extended in all Sky markets], y mientras ellos continuarán hablando de dinero y sirviendo al amo y al anunciante, al Brexit o a sus putos intereses, aquí seguiremos en Babia creyendo que hablan de deporte.

El legítimo derecho a la información veraz quedó sepultado cuando el dinero comenzó a regar los geranios de los periodistas, y no se me alarmen, que la cosa viene de antiguo y Al Capone y Lucky Luciano, por citar dos nombres reconocibles por todos, tenían en nómina suficientes periodistas como para haber fundado un periódico o dos, y de tirada nacional, aviso. La imagen pública, esa cosa inmaterial pero moldeable que tantos quebraderos de cabeza le producían a Benito Mussolini, a Joseph Goebbels o a Francisco Franco, y amenaza el sueño a Donald Trump, también se lo quita a Liberty Media, nos ha jodido mayo con las flores.

Somos parte del show, y de la misma manera que nos cuidamos muy mucho de con qué galeno tratamos la gastritis recurrente o el esguince de tobillo, deberíamos mirar con lupa qué hay detrás de ese periodista que nos susurra al oído verdades que sólo él conoce pero luego leemos en la Autosport, un decir.

Honestamente: me importa un pimiento si Lewis hace migas con Shakira, o si el astro inglés podría ser fichado por Ferrari, me interesa más saber cómo el vertiginoso Hijo del Viento se ha tornado en Hijo de la Brisa en apenas dos temporadas. ¿Él también dependía tanto del coche y los despachos? ¡No, no puede ser...!

Os leo.

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