sábado, 19 de mayo de 2018

Harry y Meghan en «pole»


Con mi santa madre no se puede. Ya tuve que abandonar la televisión del comedor con el rabo entre las piernas para refugiarme en la de la cocina durante las 6 Horas de Spa-Francorchamps, así que imaginaros cómo ha andado hoy la cosa en casa cuando tocaba boda del príncipe Henry y Meghan Markle, Harry y Meghan, a secas, que queda mucho más bonito y democrático.

Comprenderéis que esté hasta aquel sitio de que la nueva duquesa de Sussex tuviera una apariencia supernatural o muy ella misma vestida de novia; y de la Patiño, o de ese Goliath del roserío que se llama Jaime Peñafiel, quien por su credenciales a buen seguro también estaba presente en el Rocódromo de Piedradura —en el palco VIP, of course!, mientras corrían en él Pedro Picapiedra y Pablo Mármol.

Con la sobredosis me ha dado por indagar si Lewis Hamilton estaba invitado al bodorrio, y en viendo que no, he pensado inmediatamente: ¡vaya caca de enlace!

Lewis es importante para la vida de las islas, al menos eso nos cuentan Autosport y MotorSport, y el Sun y el Times y la BBC y Sky Sports... No invitarle ha sido como poco pecado de soberbia, que el tío es tetracampeón del mundo en la máxima disciplina del automovilismo deportivo, británico, y esencial para la comprensión del mundo porque las carreras de coches nacieron precisamente en Gran Bretaña, o eso dicen.

No obstante, no creáis que me he dado por vencido fácilmente. El de Tewin no estaba pero podía aparecer. Lo he sentido, presentido, más bien, sobre todo durante el recorrido de la pareja en carroza. 

Y sí, por un instante he imaginado que de entre el gentío surgía una figura envuelta en una capa de armiño y ceñida con un casco blanco como el que usó durante los test del Pirelligate. Mascullaba algo así como ¡De aquí no me echáis como en Wimbledon, mamones!, y la Queen Isabel II sonreía al verlo porque él era el regalo de bodas y sólo ellos dos lo sabían, y guiñaba un ojo dando la señal al espontáneo mientras éste se libraba de los pajes de la calesa y cogía las riendas del tiro de caballos. Y entonces la banda se dejaba de gaitas y estallaba con la Oberture finale de Guillermo Tell, de Gioachino Rossini, cuando Lewis —¡claro!, ¿quién iba a ser?— espoleaba a los corceles para entrar en trance y buscar una vuelta de pole con los de Sussex a la espalda...

—¿Te pasa algo, hijo?

—No, ama, ¿por qué...?

—Se te ha quedado cara de bobo... 

Y eso, que con un filtro de desenfoque lineal lo arreglamos. Os leo.

1 comentario:

Cao Wen dijo...

Jaaaaaarl. Muy buena esa imagen del Mierda arreando los caballos de la carroza, se me ha grabado en la memoria FOR EVER. Aquí te dejo la mía; cosas de la infancia que tampoco se borran:

https://twitter.com/CaoWenToh/status/997842005656002560