lunes, 26 de diciembre de 2016

El ahijado de Fangio [#Nürbu 06]


Confome el Nordschleife gana altura adentrándose en las laderas meridionales del volcán Hohe Acht, la vegetación se vuelve espesa y enigmáticamente hermosa. A veces, sucede que aquí llueve mientras en otras zonas del circuito luce el sol y el piso permanece seco. En otras ocasiones ocurre al revés, las nubes se concentran en las partes bajas de las Eifel y allí descargan el agua que llevan en sus entrañas...

Desde su estreno, el Nürburgring ha escogido el periodo estival para disputar sus pruebas porque siempre es mejor evitar jugar con fuego que acarrear las consecuencias, y menos en un entorno cuya orografía es propicia a los cambios de humor debido a las diferentes altitudes y ecosistemas que lo componen.

El sábado 31 de julio de 1954 todo indicaba que al día siguiente el sol iba a regalar una estupenda jornada de carreras. Había amanecido nublado, pero el astro rey luchaba con fuerza por abrirse paso. 

Algunos pilotos ya habían comenzado a rodar sobre el Nordschleife al mediodía, buscando ensayar y tomar referencias para el Gran Premio de Alemania, y el argentino Onofre Marimón se dispuso a hacer lo mismo sobre su auto, un Maserati 250F distinguido con el dorsal número 6.

Antes, padre e hijo habían disfrutado de la compañía y consejos de Juan Manuel Fangio y Cabezón González, como era recurrente.

Eran amigos, los cuatro eran pilotos de carreras, los cuatro argentinos. Pinocho era el menor de todos, también el más alto. Incluso se decía que el Chueco había visto a su heredero en Marimón y sus maneras finas al volante, lo que hacía natural verlos así en la zona de garajes o fuera del circuito: juntos, charlando, preparando la prueba o comentando al final de la misma sus respectivas hazañas y pormenores con José Froilán, o quién sabe si hablando de otras cosas.

Y Onofre arranca definitivamente mientras Domingo pulsa el cronómetro. El de Zárate conoce el trazado. El año anterior no pudo terminar la prueba al sufrir una rotura de suspensión en el giro 13, pero aquel día se siente cómodo y más seguro porque recuerda una a una las instrucciones de Fangio. El 250F responde a sus mandatos pero él necesita llevarlo más y más rápido. Conduce delicado, va suave como las agujas de un reloj un reloj suizo, hasta que algo sucede que lo levanta del suelo en una curva y lo lleva contra una ladera, donde morirá en el acto.

Dicen que el Chueco no pudo evitar las lágrimas mientras se abrazaba a un José Froilán totalmente destrozado, y que el domingo, la victoria del argentino en Nürburgring se debió más a la rabia que lo devoraba por dentro que a su fabulosa capacidad manejando bólidos.

Onofre Marimón tenía 30 años en el momento del fatal desenlace y supone la primera víctima mortal de la Fórmula 1 tal y como la conocemos. Ocurría en el Nordschleife, un 31 de julio de 1954.

Os leo.

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