domingo, 18 de diciembre de 2016

La Década Mágica [Paco Costas]


El periodista Francisco Costas, más conocido entre los que peinamos canas como Paco Costas y por su contribución a la seguridad vial desde aquel maravilloso programa de Televisión Española que se titulaba La Segunda Oportunidad, es un profesional de dilatadísima trayectoria en el campo del motor, que está distinguido, además, por una de las bendiciones más altas a la que puede aspirar un informador: ser, a la vez, claro, didáctico y divulgador.

Puede parecer sencillo pero en modo alguno lo es, y podemos comprobarlo de primera mano en La Década Mágica (Marina Producciones, 2001), un libro que aborda el periodo comprendido entre 1984 y 1994, que es en el fondo un gigantesco homenaje a Ayrton Senna, pero que no deja de ser por ello un homenaje a Alain Prost y a todos los héroes que viven y mueren en el interior de esta hermosa etapa de nuestro deporte.

Como es comprensible, la rivalidad entre el piloto brasileño y el francés sirve de hilo conductor de la trama que ocupa las casi 350 páginas del volumen, pero Costas, como decía al inicio: un maestro de la divulgación, no deja escapar la oportunidad de enmarcarla adecuadamente, y para ello no repara en gastos a la hora de desgranar los pormenores del escenario tanto técnico como humano, muchas veces personal o incluso íntimo, que hicieron de aquellos diez años una década mágica.

El libro se compone de dos partes bien definidas. En la primera de ellas, el autor ajusta el foco para que el lector entienda lo que se va a decir y se convierta en cómplice de lo que viene después. En la segunda, más extensa, el periodista se convierte en un cronista old school, tanto que leyendo el texto, a veces uno siente sonar el teclear de la tartamuda respondiendo a los dedos de Costas, mientras de fondo, se pueden escuchar el rugido de los motores y el clamor del público.

Sencillo de factura gracias a un magistral uso del lenguaje que debería hacernos palidecer de envidia a los que tratamos de acercaros este mundillo a través de las letras, La Década Mágica se lee fácil, lo que a veces supone arriesgarse a pasar por alto alguna de las innumerables anécdotas o datos que salpimentan sus párrafos. Y con esto tan sólo quiero decir que aunque la lectura resulte ágil y suelta, que así es, ciertamente, merece la pena tomarse el tiempo necesario para disfrutarla en toda su intensidad, como quien paladea un vaso de whisky o una copa de coñac.

Rigurosa, entretenida, hasta donde sé todavía es posible encontrar esta joyita [dentro enlace], y desde luego, yo la recomendaré siempre. No os vais a arrepentir.

Os leo.

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