miércoles, 20 de mayo de 2020

Aquellos locos años


Movistar+ ofrecía ayer noche el Gran Premio de Mónaco de 1996, una obra maestra de la máxima expresión del automovilismo deportivo.

El 19 de mayo de ese año el suelo estaba mojado en la ratonera con más glamour del calendario. Ocupaban la parrilla de salida veintiuno de los veintidós coches clasificados —Andrea Montermini había roto su Forti Cosworth en el último warm-up—, pero en la primera vuelta caían en combate nada menos que cinco monoplazas, entre ellos el Ferrari del poleman Michael Schumacher, quien después de haber sido superado en la arrancada por Damon Hill sobre su Williams, cometía un error bajando Mirabeau —golpeaba las protecciones rompiendo la suspesión delantera izquierda de su coche y se veía obligado a abandonar...

Tranquilos, no voy a destripar la carrera. El periodo de confinamiento está obrando milagros, como el de poder visitar el pasado sin movernos del sofá, y con la misma avidez que presenciamos el presente. En este sentido, anoche, la verdad, la ocasión la pintaban calva.

El Gran Premio de Mónaco de 1996 tiene de especial que sólo terminaron cuatro vehículos en pista, con el de Frentzen entrando a garajes, es decir: a poco que se hubieran torcido más las cosas, el podio habría quedado bajo mínimos, algo impensable ahora, donde priman los mapas de ahorro y mil y tantas historietas cuyo fin principal es llevar la máxima cantidad de monoplazas al banderazo final.

En realidad, con la cantidad de agua que había al comienzo, seguramente la prueba habría comenzado en régimen de Safety Car y la parrilla se habría mantenido intacta hasta un buen puñado de vueltas después, y a partir de la resalida en parado, es fácil imaginar que las cosas habrían discurrido de diferente manera porque cuando volvió a llover se habría neutralizado de nuevo y en cada posible accidente se habría respondido de igual forma. Sin duda, Olivier Panis no habría vencido ni habría paseado la tricolor francesa desde el habitáculo de su Ligier —hoy te ponen multa por eso, creo—, porque un tipo que sale desde la posición catorce es complicado que llegue tan arriba si no se concatenan una serie de circunstancias como las que coincidieron aquel domingo de mayo sobre el asfalto de Montecarlo: fregao inicial, errores, averías, sangría posterior, terminación no exenta de incertidumbre, etcétera.

Nuestra Fórmula 1 está a otras cosas, el espectáculo ya no es el mismo ni se le parece, pero así y todo, los aficionados insistimos en creer que poco o nada ha cambiado porque, en el fondo, sabemos perfectamente que aquello no va a volver jamás.

Os leo.

1 comentario:

Cao Wen dijo...

No puedo comprender que nos hayamos dejado hacer ésto, y por 'ésto' me refiero a todo lo que ha ocurrido desde que a un inglesito de tez morena se le permitieron toda clase de irregularidades con tal de superar los registros de un alemán y que no lo hiciera un español, porque la Fórmula 1 es inglesa de nacimiento, oiga.