miércoles, 27 de mayo de 2026

El Luce y Hamilton


A ver, el Luce es un vehículo de estética molona pero no para ser un Ferrari. De la de Maranello se esperan otro tipo de cosas, o de sensaciones estéticas, ya que estamos, pero no algo así, que sólo conseguirá que vuelvas la vista cuando pase a tu lado porque lleva el escudo de Baracca en los laterales de la carrocería, y, a renglón seguido, haga que te preguntes por qué si parece un puto engendro eléctrico chino o coreano de alta gama, of course!

Obviamente estoy con el bueno de Luca [«La destrucción de un mito»: la lapidaria crítica de Luca di Montezemolo a la primera Ferrari eléctrica], pero si traigo el trasto de marras a Nürbu no es por ejercer un rato de cuñadete —el común de los mortales no tenemos dinero para pillarnos un bicho de estas características, así que huelgan las palabras sobre el calado de mis preocupaciones—, sino por establecer ciertos paralelismos con la figura de Lewis Hamilton en la mítica.

El heptacampeón, como el Luce, es estéticamente atractivo y la polla de Bedoya en cuanto a provocar sensaciones aspiracionales, pero no es Ferrari. 

Vamos, que un tipo como el de Stevenage sea capaz de sacar pecho por lo logrado en el Gilles Villeneuve cuando estuvieron ausentes de la prueba George Russell y los dos McLaren, por no mencionar a Leclerc, sólo indica que, a lo sumo, el chiquillo es chino o coreano de alta gama y encima se lo cree.

Para La Scuderia todo esto debería suponer una urgencia que atender, pero con Elkann y Vasseur al frente todo es posible, así que apañados estamos, que decía aquél. Al Papa León XIV le puedes engatusar con eso de que el Luce es el primer cinco plazas de la fábrica modenesa, pero lo de Hamilton en la rossa quizás requiera más carga retórica porque el GOAT sólo luce —espero que hayáis pillado el juego de palabras— cuando tiene todo a favor, y con eso el equipo no hace gran cosa salvo que los vientos sean favorables más allá de sus posibilidades.

Además, y terminando, que es gerundio, flaco favor le hacemos a Ferrari tragando con cualquier mierda que nos presente, sea un cacharro carísimo que podrían haber parido Ssangyong o BYD, o un tipo que venía a por todas, en vez de exigir excelencia a todas horas, en cualquier instante, en cada milímetro cúbico de ambiente, incluso cuando se trata de que un piloto se muestre realmente merecedor de llevar el escudo de la casa en el mono, papelón en el que sigo sin ver al británico.

Os dejo vivir. Y os leo, claro.

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