miércoles, 6 de mayo de 2026

La trama fenicia


No nos ha ido demasiado mal en nuestros pronósticos de comienzos de temporada: a las puertas del Gran Premio de Canadá se aprecian ya motivos de alegría aerodinámica, que, en el caso de Red Bull, han abierto una zanja descomunal entre Isack Hadjar y Max Verstappen, quien, por su parte, sufrió de exceso de confianza y firmó una prueba en Miami bastante más discretita de lo que auguraba su segundo puesto en clasificación.

Bueno, tampoco es que pudiésemos apreciar la capacidad del Isack con el RB22 porque se fue al garete a las primeras de cambio. En cambio, a Max sí pudimos verlo, aunque para el caso patatas, como decíamos en el párrafo inicial, ya que su salida resultó errática y aparatosa a partes iguales, y más tarde únicamente pudimos comprobar que al holandés le pudieron los nervios a bordo de un cacharro al que todavía le queda acostumbrarse...

Y menciono todo esto porque el Sanedrín ya ha dictado sentencia sobre el tetracampeón, y, a pesar de que ya no le doy a los aspectos técnicos ni puedo confrontar opiniones con Jero, así, intuitivamente hablando, diría que el asunto tuvo más que ver con las evoluciones aplicadas en el monoplaza austriaco [Red Bull se contiene por la evolución en Miami: «Aún no resolvimos todo»] que con la conducción en sí.

Nos quedan dos semanas hasta volver a pisar Montreal, tiempo más que suficiente para que nuestros especialistas e influencers vayan abandonando el cómodo monotema de las unidades híbridas, y comiencen a asimilar que toca integrar al lenguaje conceptos como grip aerodinámico, grip mecánico, downforce, aire limpio y aire sucio, etcétera, en aras de que hasta el último mono se vaya aclarando. 

Honestamente lo digo: opino que a Verstappen le pudo la ilusión en Miami y no creo que el de Hasselt sea reo de demasiadas condenas que no pasen por contemplar como atenuante que el hambre de ganar sigue viva en su interior, lo que, bien mirado, no deja de ser una de las mejores noticias que podemos meternos entre pecho y espalda mientras siguen cayendo chuzos de punta ahí fuera.

Os leo.

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