Hasta este próximo 31 de diciembre no creo que encuentre agallas para dejaros huérfanos, vaya por delante, y lo digo porque sólo han transcurrido un par de días desde que escribí la entrada del martes y ya me habéis preguntado en dos ocasiones si va todo bien.
Sí: todo va bien. Por pudor no he hablado mucho de esto, pero venía muy tocado tras la pérdida de Jero y en agosto se fue Amama y un mes después Cata se fracturaba el hombro... No ha resultado un trayecto fácil aunque en peores plazas he toreado.
Psicológicamente hablando estoy aguantado incluso contando con el adelanto de la primavera y sus cachondas astenias, pero mi cuerpo me estaba esperando esta vez, y en cuanto las aguas han remansado, el muy cabrón se ha puesto a emitirme facturas al cobro, que no detallo por no hacer este párrafo más aburrido de lo que está saliendo.
El caso es que este año Nürbu goza de una regularidad envidiable y hasta me he dejado ver y oír ahí fuera, en el SafetyCast [Previo 2026], respondiendo a la invitación de Juan Carlos [El Disfraz de Polifemo], o sumándome a la iniciativa Stop & Go, cuyo último episodio se publicó el martes pasado [Juventud, divino tesoro], hace quien dice nada...
Tampoco es que haya mucho misterio en mis últimas pellas: antes me refugiaba en la F1 y ahora prefiero leer p escribir sobre otras cosas. Cuestión de prioridades, imagino.
Y es que continuamos perdiendo terreno como comunidad, y esto es un facto, que dicen, y no es algo que me preocupe especialmente aunque suponga una constante sobre la que ya he alertado aquí. Obviamente he cambiado yo, también habéis cambiado vosotros, pero llegamos a Montreal este fin de semana, y lo cierto es que lo mismo daría que estuviésemos a punto de disputar el Gran Premio de Italia, que nos entendemos.
Siguen ganando Liberty Media y sus marrullerías, quizás porque la inanidad nos puede o por simple aburrimiento, ¡qué más dará!, pero, desgraciadamente, ya no siento las ganas de señalar responsables que tenía antes.
Os leo.

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