Hasta este próximo 31 de diciembre no creo que encuentre agallas para dejaros huérfanos, y lo digo porque sólo han transcurrido un par de jornadas desde que escribí la entrada del martes y ya me habéis preguntado en dos ocasiones si va todo bien.
Por pudor no he hablado mucho de esto, pero venía muy tocado después de la pérdida de Jero y, como conocéis de sobra, en agosto se sumó la desaparición de Amama y un mes después Cata se fracturaba el hombro. Psicológicamente hablando he aguantado bastante bien los sucesivos trallazos. El hijo mediano de Julián y Matilde se ha preparado concienzudamente a lo largo de su vida para aguantar estos esfuerzos, además, junto a mi anciana madre habíamos hablado tanto del día después que, ilusamente, (me) parecía un trámite. Pero mi cuerpo me estaba esperando, y en cuanto las aguas han ido remansando, el muy cabrón se puso a emitirme facturas al cobro, que no detallo por no hacer este párrafo más aburrido de lo que está saliendo.
El asunto es que me he cuidado muy mucho de que me viérais o escucharais con la intención de que valorarais por vosotros mismos si estaba vivo o muerto, en el SafetyCast [Previo 2026], respondiendo a la invitación de Juan Carlos [El Disfraz de Polifemo], o sumándome a la iniciativa Stop & Go, cuyo último episodio se publicó el martes pasado [Juventud, divino tesoro], hace quien dice nada...
Esta semana la he pasado leyendo y escribiendo, no hay mayor secreto.
Leo mucho y escribo mucho porque son dos actividades que me reconfortan y ayudan a superar el día a día mientras me curo definitivamente, o eso espero. También dibujo, aunque no en base a expectativas a corto o medio plazo. Y el caso es que también estoy compartiendo material viejo de Nürbu en redes —incluso en Twitter, canal que abandoné a su suerte el 29 de octubre de 2024—, pero sólo para descubrir que antes había una mayor cantidad de sustrato sobre el que opinar, y que, mal que nos pese, la historia sigue tendiendo a repetirse.
Continuamos perdiendo terreno como comunidad, y esto es un facto, que dicen, y no es algo que me preocupe especialmente aunque suponga una constante sobre la que habría alertado hace unos años, que lo hice. He cambiado yo, habéis cambiado vosotros, pero llegamos a Montreal este fin de semana, y lo mismo daría que estuviésemos a punto de disputar el Gran Premio de Italia, porque siguen ganando Liberty Media y sus marrullerías, quizás porque la inanidad nos puede.
Os leo.

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