El próximo 11 de junio comienza el Mundial de Fútbol FIFA, esa entidad sin ánimo de lucro que guarda en el cajón Premios de la Paz para que Gianni Infantino los entregue en ocasiones verdaderamente especiales [FIFA Peace Prize]...
Ya está, le ponéis al primer párrafo la voz de Marcos Mundstock y tenemos enfocada la lectura de la entrada, básico en estos instantes para que comprendamos por qué Liberty Media, la FIA y los equipos, han decretado una tregua tácita en sus hostilidades, en aras, obviamente, de convencer al personal de que a falta de pan buenas son tortas y las batallitas flanderianas entre Antonelli y Russell, amén de los miedos de Toto —hacía muchísimo que no me refería a ellos—, resultan suficientes para mantener vivo un campeonato que nació de nalgas, con la placenta enrollada al cuello, y todavía precisa incubadora.
Lo cierto es que en Nürbu ya estábamos avisados y disponéis de algunos textos escritos estos meses pasados, y algunas alusiones extramuros [El Disfraz de Polifemo] y [Stop & Go], en las que me he referido a esta coyuntura con mi natural desparpajo.
El deporte está ganando tiempo mientras arregla sus cosas, no hay más tela que cortar, de momento.
En tanto las Unidades de Potencia se van afinando —mañana hablaré de esto, espero—, nos viene el Mundial de Fútbol a ver, pasarán Mónaco y próximas citas, y para Hungría ni habremos notado que el conejo no habitaba la chistera del mago. A partir de ahí la consabida política de hechos consumados a vuelta de vacaciones. Mercedes AMG y la pregunta sobre cuándo se convertirá en campeona del Mundo y tal, y con los temores a que se rompa Brackley tiraremos hasta Abu Dhabi entre cifras, datos y letras, pues periodistas e influencers necesitan alimentarse de algo.
En cuanto a lo de la supuesta Guerra Civil, qué queréis que os diga. Para contestar me pido el comodín de Joaquín confesando ante las risas de su compañero Júlio Baptista que no sabía ni coger la raqueta, ¡Húlio!
Os leo.

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