viernes, 29 de mayo de 2026

Y en Canadá...


A ver, se están leyendo muchas cosas y conviene advertir primero que muy poquito se puede hacer contra un final como el que nos brindó la Indy 500 el pasado domingo [Felix y la Indy 500], y digo final porque si Rosenquist se llega a quedar a medio camino en su asalto al botellín de leche, o Malukas hubiese vencido con holgura, como se intuía que podía ocurrir desde el giro 199, nos habríamos ahorrado algunas comparaciones y, obviamente, mi entrada del martes pasado por la mañana que acabo de enlazar.

El motorsport lo miras con perspectiva o te arriesgas a que te salgan monstruos como setas en otoño, de manera que permitidme que separe lo que fue una inenarrable y magnífica 110ª edición de las 500 Millas de Indianápolis de lo que supuso el Gran Premio F1 de Canadá, básicamente por no enredarnos con cábalas inútiles, pero también, por sustantivar el esfuerzo que ha estado realizando nuestro deporte con la intención de ofrecernos un espectáculo potable, y ello pasando por alto la estúpida idea de hacer coincidir en la práctica ambas pruebas —una comenzó cuando la otra acababa.

Y bueno, la reorganización del aporte de energía eléctrica para la cita del Gilles Villeneuve evitó en parte el lastimoso efecto yo-yo que habíamos podido observar en las carreras anteriores, incluyendo Miami. La FIA había reducido el nivel de recarga máxima a 6 MJ, dando mayor importancia al ICE (Internal Combustion Engine) que al MGU-K (Motor Generator Unit-Kinetic), y así, hubo adelantamientos que sonaron a aprovechamiento del Clipping o el Lift & Coast en un monoplaza rival, aunque, en líneas generales, el asunto resultó aceptable...

Ahora bien, tampoco conviene perder de vista que con esto no se pretende alcanzar esa Arcadia Felíz de la que se habla tanto, sino retroceder a los cánones vigentes en las Normativas anteriores, auténtico aspecto mollar del descontento que aún se percibe entre los aficionados.

Conocéis de sobra mi opinión sobre la Fórmula 1 de la era híbrida, así que no voy a extenderme, pero sí diré que los pilotos se sintieron en Montreal más en su salsa que otras veces y se notó en pista, al menos las 29 vueltas que duró George Russell en ella, haciendo guerracivilismo con Kimi, como apuntábamos ayer [¿Guerra Civil, Húlio?], para que, a partir de ese instante, la carrera se moviese entre tostón y tostonazo hasta la victoria de Antonelli, porque esta es la tónica desde el Gran Premio de Australia 2014.

El resto, y por no alargarme, entró dentro de lo normal en nuestra actividad. La cagada de McLaren montando intermedios a Piastri y Norris podía haberla firmado Ferrari. Los titubeos de Dirección de Carrera en el inicio, o las roturas y percances mecánicos, siguen siendo el pan nuestro de cada día desde tiempos inmemoriales, a pesar de que sí me cabe destacar que no parece razonable que sólo cuatro vehículos acabaran la distancia propuesta y, los demás, fueran doblados una, dos, tres, y hasta cuatro veces.

Os leo.

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