Vettel, Monza, su Toro Rosso y la lluvia. Nadie recuerda a estas alturas que el Gran Premio de Italia de 2008 comenzó bajo una copiosa cortina de agua y en régimen de Safety Car, ni que cuando el coche de Maylander abandonó la pista antes del inicio del tercer giro, Sebastian ya estaba llamado a firmar su primera victoria en Fórmula 1 mientras Bourdais aún no había comenzado a negociar la Parabolica...
Álex y yo somos envidiosos por naturaleza, para qué voy a engañaros, aunque en nuestro descargo diré que sólo envidiamos sanamente porque hacerlo con maldad pudre el alma, y, como comprenderéis, ninguno de los dos está por la labor.
Juventud, sí. Envidiamos la juventud y el lunes pasado nos apañamos el famoso poema del nicaragüense Rubén Darío para titular el nuevo episodio de Stop & Go y tomar estribo dél, como se decía antes [#268 «Juventud, divino tesoro»], cuando los poetas galopaban durante la noche en aras de llegar puntuales a sus citas, o se batían en duelo con otros pretendientes o escapaban por el balcón ante la aparición de un marido inoportuno, para escribir después los más bellísimos versos a la luz de una vela rumiada por las horas de llama.
Hombre podíamos haber escogido Only Time de Enya, pero ya os advierto que no habría resultado lo mismo. Darío está bien, porque más que de la juventud de los otros nos pusimos a destripar nuestra propia juventud perdida.
«I've seen things you people wouldn't believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched C-beams glitter in the dark near the Tannhäuser Gate. All those moments will be lost in time, like tears in the rain. Time to die...»
Si alguien se pregunta cómo hablamos y en qué términos se desarrollan las conversaciones que mantenemos el dire y yo cada mañana, mejor se acerca al programa que grabamos hace escasamente unas días y fue publicado este martes. La ortodoxia brilla por su ausencia, obviamente, pero, a cambio, nuestro amor por la Fórmula 1 resplandece en cada segundo de su metraje.
Os leo.

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