Así, escrito a vuelapluma, sin hacerme responsable de nada, vamos, diría que estamos llevando mucho peor este impasse al que nos han sometido este año, que aquel otro que nos tocó en suerte a cuenta de la pandemia...
Queda más o menos una semana y media para que comience el sarao en Montreal, y el aire que se respira en la Fórmula 1 es de cementerio municipal en mañana de día laborable. No se percibe ni una miserable ilusión para llevarse a la boca entre alguna pieza suelta que evoca tiempos pasados y un aire sonoro que los groupies del Drive to Survive sólo han escuchado en los shorts de Youtube.
El gentío anda mosqueado y ya ni se corta, y lo mismo pasa con los especialistas del ramo. Antonelli no da para generar expectativas quizás porque ya estamos curados de espanto y aburridos de que nos doren la píldora. La prometida lucha entre fabricantes de motores se ha quedado en puritito entretenimiento para pasar la tarde, pues arriba piensan que mejor dejamos las cosas como están, no sea que se desate una guerra tecnológica (sic) que aniquile lo logrado con el espíritu del límite presupuestario. De excelencia nos va quedando poco pero Toto está contento aunque se cuide mucho de que no se note.
Recuerdo tiempos hazañosos en los que Brackley probó salidas de escape en plan corneta por aquello de mejorar el sonido de la etapa híbrida, que fue que no, y a Woking intentándolo con un rugido .mp3 que tampoco funcionó, pero al menos se intentaba, que es a lo que vamos.
Sé de sobra que al final nos encalomarán la causa del desastre a los que seguimos criticando la cosa por ver si mejora, aunque con vuestro permiso insistiré una vez más y las que hagan falta, en que aquí la responsabilidad es de la gerencia, no de la peonada, y es que, a ver, semánticamente hablando, que Mohammed ben Sulayem hablara en su día del retorno de los V10 a partir de 2030, o que Toto se postule como firme defensor de los V8 atmosféricos, traslada a la afición la sensación de que lo que tenemos ahora es una castaña pinchada en un palo. Y esto cuaja, mal que queramos, y ahuyenta de la disciplina a los que consideran que es mejor esperar a que nos rescaten los extraterrestres antes que aguantar una turrada tras otra.
Perdono a esta banda de indocumentados, y a sus mamporreros, claro, porque entiendo que lo suyo es hacer dinero y en esta esfera se demuestran como auténticos fenómenos, pero no jodamos demasiado con el asunto de marras porque el deporte no da en estos instantes para lo que daba hace escasamente doce meses, y esto supone un problema bastante grueso, básicamente porque no se ha cumplido ni una maldita promesa. Los parias podemos aguantar hasta Canadá o Mónaco, pero como se nos cruce en el camino una Indy 500 prieta de carnes y hermosota este mismo mes de mayo, el roto nos va a durar hasta Hungría, lo que supondrá que nos habremos pasado media temporada F1 literalmente a pan y agua.
Os leo.

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