Me había dado un tiempo prudencial antes de meter mano a Ferrari, pero, viendo cómo se ha tomado Vasseur la penosa demostración de la rossa en el pasado GP de Miami, apetece ir poniendo algunos puntos sobre sus íes correspondientes, no sea que se nos pase el arroz.
Hablar de Hamilton me sigue produciendo una pereza tremenda, así que, con vuestro permiso, voy a pasar de puntillas sobre su triste compromiso en su segundo año vistiendo de rojo. Leclerc, al menos, sigue mostrando que no corre horchata por sus venas, y eso pasando por alto que su espectáculo llevando el coche a boxes supuso una boutade que afeó bastante lo conseguido durante la carrera, amén de desterrarlo del podio, claro.
Lo facilón sería encalomar la responsabilidad a los pilotos, actividad en la que el bueno de Frédéric destaca sobremanera, pero, a fin y a cuentas, es él quien ha configurado la pareja de conductores, es él quien sigue dando muestras de querer más a Lewis que a Charles, es él quien articula el funcionamiento del equipo y, ¡qué carajo!, es él quien se ha sentido razonablemente contento con el desempeño de la escuadra italiana en Florida, así que vamos a señalarle a él, básicamente porque en el Pleistoceno del blog dejé escrito que Ferrari le venía grande y empiezan a sobrarnos muestras de que así es.
Hombre, la historia de Il Cavallino Rampante rebosa inútiles desde que Jean Todt abandonó el camarote de capitán, pero podemos coincidir en que Enzo Ferrari se habría quitado de encima a Vasseur por menos tonterías de las que lleva el francés a cuestas...
Luca Cordero di Montezemolo tampoco habría aguantado tanta bobada —el boloñés lidió con una pérdida de liderazgo y poder político en el paddock que matiza bastante sus decisiones—, ni mucho menos Sergio Marchionne, lo que nos lleva a John Elkann y a ese gigantesco paraguas que protege al de Draveil de todo tipo de inclemencias, que a mi modo de ver está en la base de la inoperancia de la Dirección Deportiva de La Scuderia.
¿Se puede dirigir Ferrari como si fuese la Alfa Romeo de 2017 a 2022? Sí, obviamente se puede, y a las pruebas me remito, pero no parece el camino más adecuado a tenor de los resultados que se van sumando desde 2023, en los que destaca 2024 con un segundo puesto en el Mundial de Constructores que fue casi un regalo de Red Bull.
En 2025 la rossa acabó cuarta. Esta temporada va segunda con cuatro carreras disputadas, pero viendo la reacción de McLaren y las posibilidades que ha abierto Red Bull en el monoplaza de Verstappen, las sensaciones que ofrece Ferrari no son las de una escudería que pueda pelear de tú a tú con Mercedes AMG, lo que me inclina a pensar que este verano a lo peor nuestro protagonista pasa de sentirse razonablemente satisfecho a buscarse excusas de mal pagador porque se habrá evaporado cualquier margen de respuesta.
Os leo.

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