sábado, 9 de mayo de 2026

La casa de las mariposas


La verdad es que no sé en qué quedó el deseo que pedí en diciembre pasado, ni cómo va la casa de las mariposas que se iba a levantar en los restos de un viejo velador medio abandonado...

Desde que abandoné la estación orbital cuando Amama dio muestras de no querer continuar, me paso la vida hilvanando fragmentos que me iluminen, pues saber si sí o si no, resulta esencial para un tipo como yo, acostumbrado a dar sentido a todo lo cae a su alrededor. 

Hombre, hacer ficción no es algo demasiado complicado, ni siquiera en lo nuestro, aunque es complejo hacerla convincente, dotándola de una plasticidad que asombre al lector y le lleve a dudar de que aquello que lee pueda ser cierto. En este sentido, las estadísticas dan muchísimo más juego pues se apoyan en datos, falaces, sesgados o contrastados, pero datos al fin. No, como conocéis de sobra y mayormente por falta de ganas, lo admito, no suelo meterme con los que hacen ficción estadística, a pesar de que pienso que, contando con tanto dato como soporte, deberían ser unos artistazos alumbrando ficciones asombrosas, no como la del GOAT, vamos, que ya no aguanta ni que le pasemos un paño húmedo.

El británico es rico, lo sé, y hay muchos a los que esto de la riqueza material les pone, pero, en fin, vivimos tiempos rarunos de cojones y los que hace unas semanas renegaban de la Fórmula 1 que nos han servido esta temporada, por ejemplo, han descubierto, o quiero presuponer que lo han hecho, que liarse a disparar con la paralela al piso sólo sirve para que éste pierda consistencia y como te descuides te dé un susto si acaso antes, alguna posta no te ha llevado por delante un dedo o un trozo de pie. 

Bueno, ahora la mayoría ha visto la luz y se ha caído del caballo, como Saulo de Tarso antes de abrazar la fe de Pedro, y afirman que ha ocurrido con la carrera de Miami por no admitir que como prolongaran más su renuencia a aceptar las cosas se les quedaba vacío el patio de butacas.

Como anotación os diré que yo habría esperado al Gran Premio de Canadá por lo que señalaba más arriba sobre construir ficciones convincentes y dotadas de gran plasticidad, aunque mi opinión valga de poco porque no he nacido para influencer, me apaño bien entre incertidumbres, soy más de apuntar con la recortada de bolitas al pecho o la cabeza, y cuento, además, con la ventaja de saber que moriré sin conocer si mis deseos se cumplen o si, felizmente, nadie encerró entre cristales a unas criaturas que sólo merecen ser libres...

Os leo.

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