lunes, 25 de mayo de 2026

Pamplinas y los chimpacés


«Mi padre le llamaba Pamplinas, y Pamplinas se quedó para los de casa, aunque el mundo le conoce como Buster Keaton, y lo comento porque esta imagen con que decoro la entrada no sería la misma si el protagonista fuese otro, ya que esa ingenuidad marcial de quien cree poder comerse el mundo desde detrás de la cámara no tiene igual, como si la posteridad lo estuviera observando para sustantivar en qué consiste modelar el universo...»

Hace de esto 7.479 textos en Nürbu. Era un miércoles 17 de marzo de 2010, cumpleaños de mi sobrina Carola, y publicaba a las 23:16 ¡Que quemen al cameraman! porque la FOM nos había servido el domingo anterior un Gran Premio de Bahrein de esos de andar lanzando bengalas por si alguien había visto algo en mitad de la niebla, costumbre que, por lo visto ayer en Montreal, se ha convertido en especie protegida en manos de Liberty Media.

El caso es que ahora os cobran y me ha parecido pertinente bucear en mi memoria y la del blog, para rescatar el espíritu que me animó entonces a escribir aquellas líneas en las que me quejaba inocentemente —rara vez suelo ser inocente, no vayáis a tomarme la palabra—, de que Bernie ahorraba en el chocolate del loro mientras él y la prensa british sacaban pecho con lo del pináculo del motorsport.

Ya vengo diciendo que Liberty peca de idénticos vicios que nuestra Bruja de Blancanieves, y además cobrando, lo que nos pone en que hay que seguir insistiendo, dieciséis años después, en que al diablo se le ocurre joder una carrera con las patas de atrás, por no haber asimilado que la excelencia de nuestro deporte debe notarse en pista y en lo que ve desde el sofá roído por las ratas que usa Cletus Spuckler cuando disfruta de la F1 por televisión o cable, pasando, claro está, por el mimo debido a los integrantes del Paddock Club y los numerosos quiero y no puedo que sólo aspiran a hacerse un miserable selfie con el VIP correspondiente para colgarlo luego en Instagram —el selfie, no el VIP, creo que se entiende.

Vivimos del postureo y conviene atender a los detalles por el bien de todos, incluso de los que abonan religiosamente su cuota. En este sentido, la retransmisión de la prueba canadiense pareció realizada por una cuadrilla de chimpancés borrachos, y, bueno, alguien tenía que anotarlo, y puesto que hoy hago guardia me ha tocado a mí.

Os leo.

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