miércoles, 23 de diciembre de 2020

Avi!

Puede que te tiemble el alma cuando escuches cómo te llama con esa voz que le imaginaste mientras lo sostenías en tus manos por primera vez. Los ojos te jugarán alguna mala pasada, húmedos de lágrimas, seguro, mientras pierdes ese tiro de diez que te ofrecían el Aston Martin de Vettel o el Ferrari de Sáinz, pero habrá vuelto la calma como amansan las olas después de la tormenta y rompen sobre la arena para besarla.

Va a estar a tu lado siempre, indicándote dónde tumbarte, dónde ponerte; cuestionando si el lugar elegido por ti es el correcto pues sabe él de uno mejor; preguntándote por todo y a todas horas, como hacen los nietos con los abuelos. No volverás a sentirte solo en la soledad del paddock ni en las distancias de los circuitos bajo el tórrido sol. Acariciará los caracolillos de tu cabello y paseará sus dedos pequeños por la cámara y los objetivos, y le dejarás hacer porque ¡a ver! Sus palmas tocarán tu cara y dirá otra vez Avi! por no recriminarte ¿cuándo te afeitas, avi?, que sabe cuánto le necesitas y le quieres, y le consientes, que sus sueños son tus sueños, con la certeza firme de que ahora tus fotos van a ser mejores de lo que eran porque él va a estar ahí, contigo, para decirte ésta sí y ésta no, o avisarte que llegan y la ráfaga os tiene que salir perfecta... a los dos.

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