Este fin de semana andaré lo justito por aquí y por allí, ya que estamos. Tocan 24 Horas de Le Mans y siento el cuerpo distinto a otras veces.
Aún mantengo tibio el recuerdo mágico de aquella noche del 10 al 11 de junio de 2023, cuando Edgard, Fani, Jero y yo, luchábamos desde nuestros respectivos estilos con lo más duro de la Edición del Centenario. Porque no eran horas, porque el cansancio pesaba a plomo en plena madrugada, porque nos habíamos jurado terminar y porque cualquier cosa menos claudicar [#24TLM23].
Que pruebe quien piense que resulta sencillo seguir una prueba así publicando una entrega cada sesenta minutos. Sí, hablo por todos, pero estoy seguro de que nos gustaría volver a hacerlo sabiendo que lejos, bastante o muy lejos, hay otra tripulación intentándolo.
Jero no está [Te quiero, precioso], este año está complicado organizar algo, pero en 2027 resultaría bonito homenajear a Pitufo dando candela desde el banderazo que da inicio a la cita un sábado de junio hasta la ajedrezada del domingo siguiente que sella el final de todo, yendo a fuego, eso sí, en ese aparente minúsculo intervalo de tiempo que se convierte en una eternidad cuando vas a pulmón y sin compañía, y, en particular, a mí me ha derrotado en cuatro ocasiones [#24TLM14], [#24TLM15], [#24TLM16] y [#24TLM18].
Anoche pensaba en todo esto. Gorliz parece que danza como si fuera agosto. Sus gatos maúllan en la oscuridad y, si te levantas temprano, sigue siendo posible escuchar al búho de Larraganena. Y la cabeza se me iba sin querer hacia el noreste, y, aunque a deshoras, escuchaba nítidamente el bullicio que se ha instalado en La Sarthe, y el ruido que producían los prototipos y GT que continuaban clasificando a pesar de que las tablas ya estaban cerradas.
Cuando el veneno del motorsport corre por tus venas resulta complejo discriminar por disciplinas.
Os cuento un chascarrillo: era no sé qué año y me quejaba en Nürbu del poco caso que se estaba haciendo a las 24 Horas, aunque todo se debía a que yo no había aterrizado todavía en el viejo Twitter, que era donde se estaba cortando la pana al respecto de la mítica prueba francesa...
Amo Le Mans, no me preguntéis por qué, pero es rondar mediados de junio y que la cabeza se me ponga en modo Resistencia, y llegará el día en que Ernesto y yo circulemos por el trazado de La Sarthe sólo para decir que lo vivimos haciendo caso de las señales de tráfico.
Por lo de 2027 que os contaba antes tampoco os preocupéis demasiado. Fani y Edgard adoraban a Jero, y será decírselo y que el clan marplatense se juramente a cubrirme las espaldas en tamaña espabilada, como hicimos en 2023. Os mantendré informados de los progresos.
Os leo.

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