sábado, 8 de noviembre de 2014

A un panal de rica miel


Esto de los 18 coches en parrilla para destilar los 10 mejores al cabo de treinta minutos, sigue sin convencerme, ya que la Q1 y la Q2 resultan poco menos que un café que has dejado sobre la mesa y tomas en dos sorbos largos, horas después de cuando convenía hacerlo, obviamente, y simplemente por no desperdiciarlo.

Frías, muy frías. Las dos primeras sesiones de esa cosa que unos llaman clasificación y otros calificación, han sido bastante gélidas salvo acaso, por ese ¡ay, ay, ay... que no me habéis cargado las pilas del juguete! que ha soltado el Nano al poco de comenzar a rodar sobre el asfalto de Interlagos. El resto hasta la Q3, como digo: café helado.

Y aunque resultaría sencillo cargar las tintas sobre los que siguen pensando que Caterham y Marussia sobraban, lo cierto es que chicanes móviles o no, esos cuatro coches con esos cuatro pilotos a bordo cuando estaba Jules, ponían algo que no puede rellenar ni Antonio Lobato, porque importaban, claro que importaban, tanto como para el proceso de destilacion hasta los 10 mejores, tuviera su evidente encanto.

No es así, y la media hora de sacrificio frente al televisor se convierte poco menos que en un relleno inútil en el que a uno se le va la pinza pensando en lo tonto que resulta que alguien, lejos, como siempre, se empeñe una y otra vez en que llamemos clasificación a lo que también se puede llamar calificación porque ambas palabras llevan siendo sinónimas desde hace ya tiempo y también, porque al vulgo nos la trae un poco al pairo lo que diga a día de hoy el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, pues sabe de sobra que en la siguiente edición, puede cambiar de idea.

Tampoco es que pretenda maltratar nuestro idioma. Todo sería que por esta nimiedad me dedicaran una entrada de esas en las que cuesta llegar hasta el gato, pero así, a tontas y a bobas, se me ocurre que con tanta insistencia de un lado y otro, por evitar engorros, a más de uno se le podría ocurrir comenzar a utilizar en sus textos el término qualifying, y que a la postre, esta fuese la palabra elegida por la R.A.E. para ser acogida bajo su manto protector, como ha hecho con cederrón o bloguero, sin ir muy lejos.

García Lorca disfrutaba acuñando palabras y Plutón era un planeta hasta que en fechas recientes, se ha convertido en una cosa menor, y es que la vida es así y nada se puede dar por seguro, y lo mismo que hay un empeño desmedido en imponer lo de calificación o clasificación al respecto de lo que llevamos sufriendo desde Austin, a alguien se le podría haber ocurrido ¡demonio!, que los 18 cochecitos podrían correr juntos luchando por esos 10 primeros puestos, la hora completa que dura la qualifying.

En serio, nadie lo habría notado pero al menos todo habría tenido algo más de sentido y acaso, Fernando, en sus primeros giros a Interlagos, en vez de quejarse, nos habría podido deleitar entonando las primeras estrofas de una de las fábulas de Samaniego: ¡Ay, ay, ay... A un panal de rica miel dos mil moscas acudieron, que por golosas murieron, presas de patas en él...!

Sin duda habría quedado muy Amanece que no es poco de José Luis Cuerda, pero el esfuerzo de aguantar esos treinta minutos, habría valido realmente la pena.

Os leo.

2 comentarios:

Rubén Garcia dijo...

Cierto es que tanto la Q1 como la Q2, siempre han sido un mero trámite. El problema es que ahora, con la falta de los cochecitos verdes y los rojinegros, es un trámite sin sentido.
Ideas como la que planteas, es una opción, a ver si el abuelete quiere escuchar a alguien más que a sus rimbombantes €€€€€

Jose Tellaetxe Isusi [Orroe] dijo...

Buenos días, Rubén ;)

Me temo que el abuelete seguirá erre que erre. A ver qué tal se desarrolla Abu Dhabi :P

Un abrazote ;)

Jose