domingo, 18 de julio de 2010

Copyright


En el último número de Grand Prix Actual, el 29, Carlos Castellá reflexiona en su sección habitual de la revista sobre un asunto bastante peliagudo, bajo el título «Derechos de Copyright», en el que abunda en tono constructivo a lo largo del texto, y aunque en este caso concreto no esté de acuerdo con él, ello no quita para que me descubra ante su intento de tomar el pulso a uno de los temas más espinosos que nos atañen en lo cotidiano: la propiedad de las ideas.

Por suerte o por desgracia (más por lo segundo, para qué vamos a engañarnos), me desenvuelvo por mi actividad profesional en el ámbito del comercio de ideas, ya sean dibujos, diseños o textos, y sé perfectamente que el concepto de copyright se las trae con abalorios, y por ello lo veo totalmente inadecuado para un mundo como el de la competición automovilística, porque su aplicación, a mi modo de ver supone un rotundo contrasentido, y lo que es peor: la puntilla para lo que queda en él de deporte.

Mal que queramos, avanzamos como seres humanos porque copiamos y nadie nos impide copiar. Así, hablamos porque hemos visto a otros hablar, pensamos porque hemos aprendido del pensar de los otros, mejoramos, en una palabra, porque cogemos lo mejor de lo que nos rodea y desechamos lo peor, o al menos lo intentamos.

Hecha la acotación, cabe recordar que el deporte, incluso en el que intervienen componentes mecánicos, es un escenario abierto donde cada participante expone ante los rivales sus virtudes para intentar vencer y alcanzar el reconocimiento, y este espíritu inicial choca de plano con la intención de explotar las iniciativas novedosas evitando que otros las utilicen bajo el amparo de un copyright, pues lo lógico sería que los que no se sienten seguros en la F1 se dedicasen a una actividad mercantil, por ejemplo, donde las leyes de protección de patentes aseguran la propiedad de las ideas tal y como ellos pretenden.

Y es que en el deporte pasa un poco como en Internet, que cuando se demostró como un vehículo ideal para volcar y compartir información sin que nadie preguntara de dónde venía o a quien pertenecía, atrajo la participación de aquellos (particulares, empresas, organismos, etcétera) que viendo en la red de redes la panacea de sus limitaciones cotidianas han pasado ahora a reclamar un marco de uso que proteja debidamente la identidad creativa, la suya, claro, sin caer en la cuenta de que las bridas que solicitan terminarán por destruir el sueño dorado que convirtió Internet en el mejor escaparate imaginado, al que accedieron ellos por libre elección o simple conveniencia.

Johnny Weissmuller triunfó en las olimpiadas de 1924 aplicando el estilo libre de natación (crawl) que inventó, dicen, el surfista hawaiano Duke Kahanamoku, y Dick Fosbury impuso su forma de saltar altura demostrando su manifiesta ventaja frente al rodillo ventral utilizado hasta el momento. Ambos revolucionaron sus respectivas disciplinas sin solicitar copyrights por ello, y sobrevivieron en ellas hasta donde les fue posible, puliendo la técnica y mejorándola, no protegiéndola se ser usada por sus rivales.

Ya en lo nuestro, creo que si realmente queremos seguir llamándolo deporte, el futuro debería pasar por ser consecuentes y dejarnos de buscar protecciones a las innovaciones o soluciones, porque para eso ya está el mundo industrial con sus propias leyes, evitando perseverar en el camino por donde nos quieren llevar los que han apostado por convertirlo en un negocio, pues en caso contrario nos ocurrirá como está sucediendo en Internet, que podemos cargarnos definitivamente la esencia del invento, ya que en la red, como en la F1, nadie está presente por imperativo u obligación, y ése es precisamente su enorme atractivo.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

A este deporte le queda muy poco de deporte y lo siguen matando. ¿Que va a ser lo próximo, que Mclaren o Ferrari patenten las ruedas y los demás a pagar por usarlas? Y aunque tu usas bien la palabra copyright, Castellá hace una redundancia que duele a la vista porque no existen los derechos de copyright.

Un saludo

Orroe dijo...

Buenas tardes.

Anónimo ;) Mientras sigamos poniendo algunos puntos sobre sus íes, creo que no llegará el agua al río :P Y en cuanto al suso de la palabra, yo no hilaría tan fino porque el artículo de Carlos propone unos derechos [derivados] del copyright, vamos, que a mí no me ha crujido el asunto :P

Un abrazote

Jose

Anónimo dijo...

No puedo evitar descubrirme ante su habitual sentido común y más en un tema como este que levanta ampollas y con el que se ve obligado a convivir para ganarse los garbanzo.

Muchas gracias por compartir no solo las ideas, también la pasión.

Saludos Lepton Tau

Martín Herzog dijo...

Buenas tardes:

Aunque suene un poco feo lo que voy a decir, el ineludible progreso en el tema que se trata, pasa por la desaparición de Ecclestone del panorama de la F1 (es muy mayor para cambiar sus conceptos), ya sea por muerte o por manifiesta incapacidad debida a su edad, porque mientras el abuelo tenga la mente medianamente lúcida, seguiremos tomando "prestadas" las informaciones y el material los que escribimos sobre F1.

Es triste, pero no le veo otra salida a corto plazo.

saludos

Orroe dijo...

Buenas tardes ;)

Anónimo ;) XDDDDD Gracias por lo del Leptón Tau, y por el resto de halagos XDDDDDD de todas formas, seguiré perseverando ;)

Martín ;) Tiempo sin leerte ;) Y no, no suena feo, y aunque hablas de algo diferente a lo que hablaba yo, la verdad es que me viene de perlas, porque en el fondo lo que argumentaba Carlos Castellá en su artículo de GPA y nuestras vivencias como blogueros tiene mucho que ver, y desde luego un mismo causante que atiza de igual manera a la libertad de expresión que al espíritu deportivo de la F1: Bernie. Así nos va :P

Un abrazote

Jose

Felipe Reyes dijo...

Mañana empiezo a trabajar y no he podido resistirme a pasarme por aquí. Soberbio, Orroe, cada día te superas.

Precisamente esta semana hemos discutido mi suegro y yo sobre las patentes en el deporte. Soy comercial y entiendo algo, no mucho, y después de leer a Castellá en Grand Prix me quedó la duda de que se pueda proteger el conducto F o el doble difusor sin fastidiar un poco más la competición.

Gracias por tu visión, y por ofrecernos material para que la vuelta al trabajo sea un poco menos dura.

Felipe.

Orroe dijo...

Buenas tardes.

Felipe ;) Pues no sabes la envidia que me das con eso de «empezar a trabajar», yo no termino XDDDDDD Castellá ofrece soluciones y eso es precisamente lo complicado del asunto: acertar con la adecuada. Ahora bien, nos estamos alejando demasiado de lo deportivo como para abrir puertas a lo que es mío no es tuyo :P

Un abrazote, y aterriza bien ;)

Jose

Carlos Castellá dijo...

Vaya, no había visto esta polémica por mi artículo, exponeis puntos de vista muy interesantes.

Tampoco pretendía hacer un artículo sobre el copyright, sino sobre la incongruencia de que el que tiene una buena idea (el F-Duct) la vea prohibida.

Muy interesante tu artículo Orroe, en lo de Weismuller y Fosbury creo que vienes a lo mío: nadie se lo prohibió, pero ellos estuvieron un tiempo disfrutando de su ventaja hasta que otros les copiaron... que es a lo que me quería referir, aunque parece que no lo hice con suficiente claridad.

Orroe dijo...

Buenas tardes.

Carlos ;) Discúlpame ante todo la tardanza en contestar, estaba buscando un hueco para hacerlo con amplitud, y mira tú por dónde voy ahogado de tiempo XDDDDDD

A lo que íbamos :P

Ya comentaba en la entrada que hay que descubrirse ante intentos como el tuyo por acercarse a esto de la «propiedad de las ideas», o en su caso «cómo protegerlas», cuestión que reitero aquí mismo y de nuevo, porque por mi actividad (ilustrador, editor y escritor) sé perfectamente que es un campo abonado de minas XDDDDDD

Dicho esto, creo que el problema principal que tiene la F1 es un reglamento demasiado anglosajón, es decir, que atiende a modificarse con demasiada facilidad según se muestra más o menos eficiente, asentándose sobre una suerte de «jurisprudencia» deportiva que resulta muy incoherente en demasiados casos, en vez de disponer de unas bases sólidas que permitieran que las novedades, los inventos, dispusieran de un ciclo de vida natural, en el cual sería posible «agotarlos» XDDDDD

La libertad, en el deporte, asegura el éxito de las ideas, y las protege porque permite que evolucionen en ciclos de efectividad, pero aquí tenemos a la FIA y su sempiterna manía de prohibir lo que funciona, proponer cosas que no van a ningún sitio, o incluso aceptar otras que contradiucen el espíritu del reglamento :P

Y descuida, lo expresaste muy bien XDDDD, de hecho utilicé tu punto de vista para construir esta entrada para que todos reflexionemos ;)

Un abrazote

Jose