Resulta digno de encomio el esfuerzo que están realizando los medios para evitar indagar en el triste inicio de temporada que está firmando Hamilton, y pretendo resaltarlo cuando parece que no hay nada más de qué hablar, salvo las cuatro pijadas de siempre y el lío interno que llevará a Red Bull y su piloto estrella a estrellarse, valga el jardincillo de repeticiones en que me he metido.
Echando la vista atrás, y consolidando con hechos inculpatorios, opiniones y enlaces, lo prometedor que resultaba el citado estreno cuando aún no habíamos levantado la persiana, no me extraña tanto que la lavadora se haya puesto en marcha como que la gente siga mordiendo uno de los anzuelos más antiguos que existen.