martes, 13 de noviembre de 2018

Only Time


Soy un tipo complicadillo aunque adorable, para qué vamos a engañarnos. A veces tengo la sensación de que estoy aquí desde que Matusalen disputaba carreras de sacos, pero es sólo un espejismo. En internet vales lo que tu última entrada. Si es buena subes como la espuma, si es ramploncilla —desgraciadamente también me salen así—, te precipitas a los avernos como una pieza de plomo, y mejor que lo intentes de nuevo por ver si reparas los daños y evitas el desastre...

Ayer hablaba con Miguel de las abuelas de ambas lindes de la línea Maginot, y cómo no, del Hamilton pobrín que vimos en Interlagos y del pobre Vettel —textual—, al que he dado tantos boinazos que ahora parezco incluso dulce cuando me refiero a él. Algunos me lo reprochan, pero, sinceramente, no sé qué más puedo decir del alemán que no haya dicho en estos años [¡Vettel, vettel, Vettel!]. Desde luego a mí no me sorprende su comportamiento actual, y hacer sangre por hacer sangre como que no me apetece.

Todos los integrantes de la parrilla se juegan el tipo en cada carrera y aunque existan momentos de éxtasis y valles profundos en mi relación con ellos, lo asumo en la medida de mis posibilidades, y les respeto entre comillas cuando golpeo sus flancos débiles, que los tienen, y en ciertos casos abundantes.

Miguel no quiere apostar a que Nürbu siga el año que viene hasta no verlo, y le entiendo. Ernesto está en las mismas. Al diablo se le ocurre publicar 1.000 entradas en 2018... Pero lo cierto es que con ésta vamos por la 918 y la cosa pinta bastante bien puesto que queda mes y medio antes de que suenen las campanadas de medianoche del 31 de diciembre y venda mi alma al diablo otra vez.

En fin, que me distraigo. Encarrilamos China y las 6 Horas de Shanghai, y me sigue sorprendiendo el poquito caso que se hace al descomunal esfuerzo físico y mental que está desplegando nuestro compatriota. Si son ampliamente conocidas las quejas en el interior del paddock por lo extenso del calendario F1, sumad a todo ello un campeonato más. Que sí, que las pruebas del WEC están espaciaditas, pero hay que prepararlas y disputarlas...

Lo hemos hablado en otras ocasiones. Ignorar determinadas circunstancias es pecado leve. Conocerlas y pasarlas por alto merece penitencia, pero cuando existe intención de ninguneo estamos hablando de palabras mayores. Y aquí quería llegar yo, porque el tipo que se mosqueó desde el interior del habitáculo del monoplaza número 14 en el pasado Gran Premio de Brasil no puede ser tasado como un piloto más, ni sus acciones pueden ser reducidas a berrinches de impotencia.

Habrá quien dirá que él se lo ha buscado y que se joda, pero para esto está la prensa, ¿no?, para contextualizar lo que sucede en pista y para abrir los ojos de sus lectores.

Fernando está implicado en el desarrollo del MCL34 de 2019, está disputando el Mundial de Fórmula 1 de 2018 y el Supercampeonato WEC 2018/19, amén de andar ahora mismo preparando su futuro inmediato. Honestamente, pienso que no cuesta tanto mencionar lo complejo del escenario que rodea al asturiano, en vez de insistir en hacer leña de un árbol que, lejos de haber caído, ha decidido seguir creciendo.

Os leo.

3 comentarios:

Josep Claramonte dijo...

"en vez de insistir en hacer leña de un árbol que, lejos de haber caído, ha decidido seguir creciendo"

De lo más bonito que he leído en mi vida...

Ernesto Gonzalez dijo...

Es normal que no queramos apostar dada tu afición a ir a contracorriente, como sueles escribir no se le ocurriría ni al que asó la manteca.

Por otro lado sabes perfectamente que nos gustaría seguir creciendo junto a Nürbu, decidas lo que decidas también lo entenderé como no podría ser de otra manera.

Un abrazote, José.

pocascanas dijo...

Habría que avisarle a Charly: "los árboles que vos matáis, gozan de buena salud".
...y siguen creciendo.;)