Toto Wolff podía haber subido a George Russell al W12 ya en pretemporada, pero prefirió desgastar aún más el truco que lleva usando desde 2015, primero con Ferrari y posteriormente con Red Bull: fingir que Mercedes AMG iba por detrás o a la par que sus competidores hasta que llegaba el momento del hachazo y ¡zas!, pero en 2021 le ha salido el tiro por la culata debido a que la de Milton Keynes venía más fuerte de lo que presuponíamos todos, y a que Valtteri Bottas ha acusado excesivamente las pocas o nulas oportunidades que le ha brindado Brackley desde que se estrenó en la británica.
Fiarlo todo a un tipo que alargó innecesariamente su renovación no era una brillante idea. Lo escribí, lo comentamos y debatimos, y no lo era porque una máquina como el cacharro de la anglo-alemana [La reina (Mercedes AMG)] precisaba de una pareja de pilotos al menos tan sólida como la de 2017 a 2020, aquella dupla en la que si no aparecía uno surgía de la nada el otro, esquema que ha roto Wolff en 2021 pensando, tal vez, que Hamilton era suficiente.