Se está poniendo la cosa francamente difícil. Entre que en Nürbu hace meses que sabemos cómo terminará la película, que finalmente habrá descarte de Ferrari como Oscar al mejor actor secundario y que lo de McLaren durará lo que tarde Toto en cansarse... No me enredo, es demasiado temprano en el texto.
Entre todo esto que he ido apuntando más arriba y que se ve mal criticar la F1 porque está el ambiente muy polarizado y se ha convertido todo en política (sic), echar el ratito aquí se ha convertido en un acto subversivo, más subversivo que antes, quiero decir, porque no recuerdo un día en que haya dejado de besar la estampita de Harry Tuttle antes de pillar los aperos y meterme en faena.
Si no me fallan las cuentas hoy Osvaldo cumple años y con vuestro permiso querría dedicarle estas líneas, porque toda la porquería que nos están sirviendo tiene como propósito que consumamos también la mierda en que han convertido nuestro pasado como actividad mientras nos roban a manos llenas su presente y su futuro.
Sobran tantas cintas, series u homenajes a Senna, como temporadas de Drive to Survive, o engendros como F1 The Movie, pero el ejercicio vende porque la gente se ilusiona creyendo que forma parte de la historia, brevemente, piensa que conoce realmente a sus héroes o que asimila lo que ocurría cuando ni había nacido, arte en el que sobresale Liberty Media por méritos propios pues tiene recursos suficientes y amigos para vender películas, básicamente porque resulta más sencillo retocar el guión de nuestro pretérito que arreglar una Normativa Técnica, con tal de que dé el espectáculo en pista que nos habían prometido antes de que se estrenara.
En el libro sobre Tyrrell que reseñé en su momento [Ken Tyrrell (Maurice Hamilton)], el de Surrey describe Nürburgring 1968 como un infierno real para su primer piloto. Os cuento.
Stewart lo bautizó The Green Hell porque no había Dios que caminara sobre las aguas del Nordschleife bajo aquel aguacero, ni entre las abundantes zonas del trazado alemán donde la dificultad para ver y circular aconsejaba arrimar el monoplaza a la cuneta y apearse. Oncle Ken también tiene palabras para Watkins Glen 1973 y cómo el escocés acusó el golpe tras saber que había perdido a un amigo y también a un hijo.
Esto no lo arreglas con escenas grabadas en slow motion ni con música de Two Steps from Hell o Atom Music Audio. A Liberty no le interesa este pasado porque nos mostraría cómo y en qué situaciones se cimentó lo que conocemos como esta Fórmula 1 que hoy trata a los pilotos como si fuesen meros figurantes en la última de Cars.
The motorsport is dangerous, ya sabéis...
Vamos a perder, en realidad ya hemos perdido, pero en Pelennor todavía quedamos gente como Harry, Osvaldo, Álex o yo, o cualquiera de vosotros que me aguantáis las turradas diarias, que avanzamos sobre la planicie sabiendo perfectamente qué ocurrirá con nosotros, pero a la vez sintiéndonos afortunados porque nada tenemos y a nada aspiramos, y ofrecemos resistencia a estos nuevos tiempos siquiera por reírnos un poco, o llamar pardillo a cuanto gilipollas proclama que la F1 sigue siendo el pináculo del automovilismo deportivo y, para colmo, se empeña en que lo compremos.
Os leo.

1 comentario:
¡Amén! Coincido totalmente con tus palabras José. Seguiremos viendo la Fórmula Uno aunque no nos guste la actualidad, porque a pesar de todos los intereses económicos y políticos actuales, nos gusta seguir viendo carreras y pilotos. Un agradecimiento especial por tu saludo. Saludos y un abrazo desde Argentina. Osvaldo.
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