jueves, 10 de septiembre de 2026

Es fútbol, ¡gilipuertas!


No falla, cuando la F1 parece que no da para más nuestros juntaletras recurren a las mil y una artimañas aprendidas del fútbol durante décadas y décadas de hegemonía en los medios de información deportiva, generalistas o especialistas. 

Bueno, ni tan mal si el balompié no fuera esa disciplina de la que usted me habla en cuanto se mencionan las carreras de cochecitos. Somos diferentes en tanto al motorsport se refiere. Aquí se disfruta de la actividad en su conjunto, apasionadamente, sin declaraciones de amor, sin filias ni fobias. Nadie quiere parecer un hooligan, nadie tolera que se adopten usos y costumbres del Deporte Rey cuando se debate de Fórmula 1, pero la cabra acaba tirando al monte, la burra vuelve al pasto conocido y, en cuanto se percibe una brecha en la Matrix, salen a relucir el valor de los fichajes, las categorizaciones sin base empírica, las sentencias inamovibles o las comparaciones idiotas y el porque yo lo valgo.

No creo que haya que explicar mucho sobre la enorme calidad que destila Andrea Kimi Antonelli desde el momento en que se pone a lo suyo. Entiendo que cualquiera que lleve un rato en esto debería ser capaz de percibirla...

Su progresión desde comienzos de temporada, cómo ha mejorado su comprensión de las ruedas o cómo cada vez es más suave tomando curvas, por ejemplo; su sintonía con el coche, el muro o las estrategias que le dictan, su cada vez mayor capacidad para leer las pruebas en su conjunto, etcétera, son síntomas de que estamos ante un piloto ciertamente especial. Otra cosa es que decidamos hacernos los orejas con todo lo que aporta al fenómeno el W17 que lleva bajo las posaderas, o nos llevemos la mano a la automática en cuanto alguien insinúa que si un Hadjar o un Colapinto gozaran de la misma fortuna los resultados podrían ser similares.

Es obvio que Antonelli ha tenido suerte, también que se la ha ganado y está respondiendo a la confianza depositada en él, y, lógicamente, que cuida su buena ventura cada vez que sale a pista. Pasando por alto que en esto mismo consiste ser conductor en la máxima disciplina, la medida del italiano no es George Russell ni la tunda que le está metiendo, es él mismo, y esto es algo que sólo entendemos los que cuidamos que el fútbol nos contamine lo justito.

Kimi vs. Kimi, en esto consiste todo. El resto, el ruido ambiental en épocas de sequía, los posibles parecidos con Senna y tanta chorrada como se escribe sobre el boloñés, es fútbol, ¡gilipollas!

Os leo.

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