Pues sintiéndolo mucho sigo sin ver a Tsunoda como compañero de Verstappen en la de las bebidas energéticas, es más, me atrevería a decir que vamos a perder un magnífico piloto de montonera a cambio de intentar cerrar un agujero abierto en el casco, que se originó cuando alguien tuvo la estúpida ocurrencia de hacer correr a Checo a la pata coja y con un brazo atado detrás.
A estas alturas de la película mi opinión ha dejado de ser relevante, pero continúo pensando que todo comenzó con la forma canalla en que se conjuró la amenaza para los intereses de la austriaca que podía significar el mexicano.
Lo he dejado escrito con anterioridad, así que vuelvo a repetir que este año tampoco habrá Mundial de Constructores para Milton Keynes, exactamente como sucedió el anterior, aunque, si en 2024 la cosa se consiguió debilitando la pareja de pilotos para mayor gloria de McLaren, esta temporada empieza bastante peor porque la apuesta personal de Marko por Liam Lawson ha dejado a la escudería sin una pieza que ahora mismo resultaría interesante haber tenido a mano, en tanto al cometido de terminar segunda en Abu Dhabi sin que se note demasiado: Daniel Ricciardo.
Fue tonto desprenderse de Pérez después de haberlo dejado a los pies de los caballos con tal de brindarle un hueco a Lawson —en esto ha consistido todo—, y ahora podremos comprobar que supuso un tiro en el pie sacrificar al australiano para ir preparando el desembarco del neozelandés en el equipo oficial, porque, insisto, Yuki es un buen piloto, pero no tanto como para hacer de pareja de Max en la difícil papeleta de fingir el drama en pista que precisan Liberty y Netflix, y sin que sigan saltando costuras, añado.
Os leo.
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